lunes, 27 de diciembre de 2021

Lo de todos los años

No nos salimos del guion. A medida que van acercándose las fechas más señaladas nos atrapa la sensación de que no llegamos. Por una parte el trabajo, el cierre de ejercicio económico que supone para algunos el momento de recoger las notas finales del curso. Basta con aprobar, el suspenso equivaldría a un "muy deficiente" de nuestra época escolar y cerrar con normalidad no proporciona necesariamente una buena calificación.

En el resto de los frentes, aunque no sujetos a término, ocurre algo similar. Es el momento de agrupar familia, extender el mantel sobre la mesa, repasar la vajilla, la cristalería, la cubertería, echar un vistazo al botellero y lanzarse a la compra de los víveres con los que confeccionar los menús festivos. Con la mente en los que están pero, indudablemente, con la nostalgia de los que se fueron, con los que compartíamos esas largas sobremesas u otros momentos de ocioso gozo. Buscamos recetas y productos que nos hagan olvidar, por un momento, los malos ratos pasados. Y en el fondo, si aún nos quedan ilusión y ganas para pensar en esas cosas, es que no vamos del todo mal.

La rutina y ciertos mecanismos que asoman estos días pasa, previamente, por el infructuoso proceso de tomar todos los décimos que jugábamos en la lotería e ir comprobando como viene siendo habitual que no nos ha tocado ningún pellizco y, si acaso, algún reintegro. El tópico nos regala otro clásico: salud para seguir probando el año que viene.

Pasarán las fiestas, volveremos a enfundarnos el uniforme (mono) de trabajo ( de un "estilo de vida", Antonio C.), a asumir el compromiso de procurar ser buenas personas, a amar al prójimo, a ser prudentes y tolerantes, a ayudar a quien lo necesita y si queda tiempo, a disfrutar del nuevo año con nuestras mejores y renovadas ilusiones.

Que tengas un feliz año, si te dejan. Y salud, sobre todas las cosas.


lunes, 20 de diciembre de 2021

Que se froten las manos

Como un procés paralelo, la decadencia del barça (en minúscula, no cabe otra) se veía venir. Guardábamos els culers magníficos recuerdos de la época del dream team, expresión que ponía de los nervios a los peñistas del madrí y que fue acuñada en las temporadas en las que Johan Cruyff puso al equipo en el epicentro de su éxito futbolístico como nunca antes había estado. Con su magia y con su particular genio a la hora de convertir ese deporte en un armónico concierto de piernas y balones envolvió a la afición culé en un entorno de jolgorio y triunfo. Con él llego la primera Copa de Europa (Wembley 1992) pero también estrepitosos fracasos (Atenas 1994). Para todo en la vida hay un tiempo y una realidad. 

Tras una larga época de tedio y táctica infértil de los Robson, Van Gaal, etc, el testigo de aquel estilo de juego, en clave de victoria, lo recuperó Rijkaard que volvió a hacer del equipo una orquesta exquisita con dos premios: volvió a hacer al Barça (este sí, con mayúscula) campeón de Europa, ganó la Champions e hizo debutar a Messi, haciéndole jugar con Ronaldinho y tomar literalmente el Bernabeu. 

Luego vendrían Guardiola y Luis Enrique para hacer el equipo más grande y laureado de su historia. 

Y luego la decadencia. Los años pasan y el doloroso procés se hace carne y habita tanto en los despachos del club como en su vestuario. Se van apagando y retirando las luces de los más talentosos y la abducción del otro procés comienza a transformar un club ganador en una sociedad más preocupada por lo catalán, por su república, por su estelada, por sus cánticos supremacistas y un largo etcétera que no lleva a nada bueno, provocando, además la desafección de buena parte de sus seguidores (mi caso); el desencanto de las serpientes.

Bueno, pues ahora fichan a Xavi (con lo bien que estaba en Qatar) y yo creo que este muchacho se ha precipitado. El equipo, remendado unas veces  por despecho y en su gran mayoría por desechos de tienta de equipos segundones, no da ni para ganar el súper Joan Gámper.

El barça es por el momento un equipo triste, envuelto en una bandera que no tiene nada que ver con el deporte, jugando con disfraces que parecen pijamas de niños indepes del club super3 y de la bola d drac

Pese a la esperanza que inspiran los nuevos, jóvenes y valerosos talentos casi adolescentes, se avecinan meses de mucho trabajo y mucha paciencia así es que los acérrimos y enemigos íntimos de este club que disfruten y que se froten las manos. 


lunes, 13 de diciembre de 2021

Matria de la estupidez

El feminismo de salón y pancarta, contra viento, marea -y virus- tenía una fecha de caducidad. Bastaba con descubrir la posibilidad de comprarse un buen "rouge" de marca y unos cueros adecuados y zas! sentirse bella, sensual y muy femenina. Eso es esa política: porno duro. La cosificación de la mujer, la exhibición de su poder de atracción (a quien pueda sentirse seducido por esa boba imagen) todo aquello por lo que se dice que se lucha es pura demagogia electoral, un trampantojo más porque no dejan de estar atrapadas por la frivolidad de pretender convertirse en sex simbol, icono de la provocación y un largo etcétera de tópicos vomitados que eran pruebas evidentes del heteropatriarcado, del machaalfismo, del machismo cutre de póster de taller con los que venían de casa en su cartera junto con el donut....Pero yo lo valgo.

Debería importarme un pimiento lo que haga esa gente con sus cuerpos, con sus gustos musicales, con sus apetencias sexuales, con su alimentación y con sus creencias religiosas (si las tienen o si las impostan repentinamente en un arrebato que más bien obedece a ruin estrategia política) pero desgraciadamente en el aplastante y abusivo ejercicio de su poder reside la amenaza de echar por tierra todo lo construido por parte de la generación de mis padres, aprendido por mí en todos mis años de estudios y formación profesional y tratado de transmitir a mis hijas en el anciano ejercicio de mis derechos durante toda  mi vida.

Soy ya demasiado mayor para cambiar mis gustos, mi fe y mis apetitos y me conformaría con que nos dejasen en paz, que podamos seguir hablando la lengua que cada cual tiene por materna o la que le salga del higo hablar a cada cual; sin exigencias, sin prohibiciones, sin necesidad de reeditar Braveheart en actos de valentía y heroicos de niños y sus familias hostigadas por el feixisme de esta nueva matria de la estupidez y de lo absurdo que se han inventado para perpetuarse en el banco azul de nuestros juguetes rotos (y ahora en huelga, al parecer.) 

En su insaciable voracidad por dominarnos exigen ahora con qué tienen que jugar los niños. Iros todos al carajo y dejadnos morir en paz! 

lunes, 6 de diciembre de 2021

La vida en plástico

Resulta espeluznante comprobar el efecto devastador del plástico abandonado en las calles, en las playas, en el mar.... Luego vienen los datos reales sobre los países que más abusan de esa mala práctica. ¿Y nosotros, individualmente, que hacemos?

Desde hace muchos años, cuando las autoridades políticas empezaron a tomar conciencia (y consciencia) sobre este asunto y a las pequeñas escolares les regalaban tres distintos receptáculos para seleccionar según su materia los residuos domésticos, hemos mantenido una actitud muy rigurosa con el tema del plástico. 

El del vidrio es muy pesado y cuando se trata de vaciarlo en el contenedor, botellín a botellín, genera una especie de pudor (respeto humano, ¿recuerdas?). 

El papel y el cartón es menos acumulativo y ocupa menos espacio. Salvo las cajas de los botellines (ea), las de los huevos frescos y de alguna más que son plegables, apenas se llena la bolsa y se vacía menos frecuentemente.

Pero el de plástico....Vivimos rodeados de plástico. Y siguen vendiéndose demasiados productos de consumo masivo envueltos en recipientes, bandejas y bolsas de plástico. No hay industria, creo, suficientemente capacitada para recoger, procesar, destruir y reciclar tanto residuo. 

Sin duda el peor elemento que participa en ese proceso es el ser humano. Da auténtico asco comprobar lo indeseable que podemos llegar a ser con los envoltorios de todo tipo de productos. No existe conciencia real a pesar de que nos ponemos muy estupendos (yo el primero) cuando recibimos el impacto de la información real del daño que provoca esa barbarie en el ecosistema. Basta echar un vistazo a la zona cero de cualquier "botellón" la mañana siguiente a esa fiesta. Venga chavales, si no os preocupáis vosotros.....

Y mientras, en la tripita de los pececitos... un mar de plástico. Acabaremos metabolizándolo porque envueltos en él ya vivimos.

El plástico no mola pero ¿es que no somos capaces de encontrar otra forma de envasar, empaquetar, conservar, vender?

Plástico fino

lunes, 29 de noviembre de 2021

Seres superiores

Un tipo rufíán y despreciable, indocumentado con ínfulas de virrey, de verbo engolado y pose chulesca se vanagloria del resultado de sus extorsiones. No deberían tener validez los acuerdos adoptados bajo amenaza ni coacción (políticas) pero ¿qué más da? ¿qué puede ya salir mal? No se harán las obras, presume el pollo con sonrisa boba de medio lado. 

No existió jamás ETA y si existió estuvo más que justificada su extrema violencia, su crimen y su terror, dice otro ser superior con cara de vomitona descomunal fruto de un descontrolado empacho de egos. Hay, sin embargo, -añade el iracundo- un espeso fondo del franquismo en toda la derecha española". Tócate el pie, Marifé!

No se puede hablar, rotular, ¿pensar? en castellano en los colegios, ni en sus patios, ni en las universidades, ni en los comercios, ni en el parque....ni en el Nou Camp...¿A qué me recuerda esto? Pues quienes disponen sobre cómo deben comunicarse los demás son los mismos que se funden luego en lágrimas, como bloque de mantequilla sobre una plancha de hierro al rojo vivo, cuando visitan Auschwitz o cuando leen el libro o ven la película "El niño con el pijama de rayas", por supuesto en catalán.

Una niñata, mal criada, mal vestida y descarada, actriz o directora de series exhibe su supremacía moral y muy femenina preguntándose en voz alta y preguntándole al chaval de veinte años por qué  quiere ser militar...y el presentador se ríe (en su ignorancia) porque su nota de selectividad, lo siento es así, no le sirvió para pasar el corte de ingreso pero sí para estudiar una ingeniería...

El problema de los seres superiores es que siempre hay un cooperador necesario (tonto, traidor o cobarde) para que aquellos, debilitando o no la supuesta honestidad, firmeza y honradez de este último, acaben saliéndose con la suya y consiguiendo sus objetivos. Es, en resumidas cuentas, la rendición, la anulación de la voluntad, de lo que dice la Ley y de lo que sentencia mucha de la Justicia...¿Qué más da? ¿Qué podía salir mal?

¿De verdad que toda esta chusma son superiores o simplemente les hemos hecho creer que lo son?

Es de suponer que votantes y simpatizantes deben estar encantados.

Me rindo. Dimito.

La vida es bella y maravillosa y la disfruto, de verdad, Jaime B. (el hombre que le susurraba a la zamburiñas) pero como dice la baldosa...siempre hay alguien dispuesto a jodértela.

Ya, si eso, otro día nos contamos una bonita historia.

Ya me estoy relajando....




lunes, 22 de noviembre de 2021

No nos equivocábamos

De aquellos lejanos días de mayo del 18, bajo los efectos de la anestesia y los de la moción de censura, recuerdo los pésimos augurios que temía(mos) iban a diseñar la hoja de ruta de los siguientes años hasta la actualidad.

Éramos (me/nos decían) unos agoreros, unos beatos apocalípticos que nos dejábamos llevar por los presagios de los fachas de la extrema derecha cavernaria, retrógada, monacal, reaccionaria, bla, bla, bla...

A la vista de la situación y panorama actuales ¿podría alguien decirme/nos en qué nos equivocábamos?

Además de la pandemia y las subsiguientes crisis sanitaria, social y económica, que han golpeado con dureza a todo el planeta, yo/nosotros (muchos españoles) padecemos las consecuencias de la peor crisis de valores y respeto a nuestras Instituciones -con mayúscula, sí- desde que hace más de cuarenta años estrenamos lo que creíamos serviría como instrumento de conciliación definitiva y proyecto de futuro común: la Constitución de 1978. 

Obsesionados por su necesidad de aniquilar el sistema y a pesar de que las suelas de sus calzados pisan el mullido confort de alfombras, moquetas y pavimentos oficiales, muchos de los que ejecutan la acción de gobierno (gobernar es otra cosa) siguen empeñados en reabrir viejas y cicatrizadas heridas porque, al parecer eso y no otra cosa, sigue siendo de interés exclusivo para ellos porque será que les resulta absolutamente rentable electoral y políticamente. No encuentro otra explicación. ¿Quiénes, si no ellos, esa izquierda ideologizada por el odio de sus propias entrañas, son los nostálgicos del antiguo régimen? ¿Quiénes, si no ellos, la izquierda pija de puño en alto y chalet en la sierra viven de sus fábulas de una lucha política que no es más que un show televisivo o de telenovela venezolana? 

En aquella guerra nadie ganó, todos perdieron/perdimos. Cierto que al final uno solo de los bandos izó su bandera pero a ambos lados quedaron millones de caídos, viudas y huérfanos. Cada uno de los supervivientes de la guerra conoce su propio drama. Incluso aquellos que son considerados como ganadores. No, nadie ganó, esto es seguro. Hemos tenido tiempo y ocasiones para, respetando la memoria de unos y otras, recuperar el pulso perdido entonces y proyectar el futuro de siguientes generaciones que deberían orientar su empeño en inquietudes más relevantes y prácticas para sus intereses y el interés general. Pues resulta que no, que hay que volver a reescribir la historia para dar satisfacción a los socios, no sea que se enojen y enmienden las cuentas de ingresos y gastos. 

No quería decirlo pero desgraciadamente, como la letra, los números con sangre entran. 

Qué asco y qué vergüenza. 

Que me cierren el blog.

(me encontraréis en mi orilla escuchando esto)

lunes, 15 de noviembre de 2021

Rías Baixas, por fin

Con la ilusión de un debutante iba amontonando encima de la cama, las tres camisas, las mudas y dos pantalones que constituían el mínimo equipaje para una escapada de fin de semana. Destino: Rías Baixas.

Entre unas cosas y otras, pandemia por medio, hacía tanto tiempo que no visitaba esa zona que tenía serias dudas sobre si iba a recordar como despiezar adecuadamente una buena nécora aunque creo que eso es como el tópico de la bici, nunca se olvida. Lo mejor sería entregarse a una buena práctica con mucha repetición.

Además del marisco que en esta época del año empieza a alcanzar el sublime grado de la excelencia, las Rías Baixas -Galicia en general- exhiben una rotunda oferta de pescados que en el Mediterráneo (hay otras cosas sublimes y excelentes) contemplamos con serias dudas sobre su sabor y rotundidad de sus carnes. Influye mucho, entre otras cosas, la temperatura del agua. Una merluza, una lubina o un sargo gallegos, por ejemplo, en una preparación al horno tienen una textura mucho más consistente y masticable y son más contundentes tanto en sabor como en aroma. Esto es así.

Nos dejamos llevar por las sinuosas carreteras que llevan de una ría a la otra, paseando entre bosques de eucaliptos y acompañados permanentemente por un radiante sol, excepcional y asombrosamente presente durante toda la escapada. Bordeando el litoral sur de la ría de Pontevedra, unidos como un rosario por la sinuosa carretera vamos recorriendo los pequeños pueblos y aldeas. La temperatura invita a cerrar el cuello del tabardo. En Bueu, mercado de abastos, asalta a nuestra atención la inabordable oferta de centollas, rodaballo salvajes y sargos de ración a precios imbatibles si pensamos en nuestros mercados domésticos de Baleares.

En Hio una obligada foto en Cabo do Home, Cíes al fondo y visita a la playa de Área Brava con una mirada al fondo donde un matrimonio y sus dos hijas hacen carreras en la orilla y recogen conchas nacaradas...

Un sencillo mantel blanco, herido de años y de miles de lavados, resiste el azote del tiempo. Como el resto del templo no se resigna a su desaparición y con lento pulso mantiene una firme y suculenta oferta gastronómica; tal vez una de las mejores centollas que jamás comí. Un excelente pulpo - cómo no- las imprescindibles zamburiñas a la plancha y un par de sargos a los que, por poner algo, les sobró un pellizco de horno de más. Casa Simón como un viejo cascarón varado en la orilla de Cangas do Morrazo sobrevive día a día, casi milagrosamente, por el afán indestructible de una familia entregada a perpetuar el legado de sus ancestros. Mucha suerte les deseo.

Por el amplio conocimiento de la zona, la hoja de ruta venía diseñada de antemano. Seguir una sugerencia de un entendido en la materia suele ser una apuesta ganadora. En esta ocasión, sin embargo, o falló el lugar o erramos en la elección. El restaurante Marusía de A Guarda nos dejó una honda decepción. Pese al criterio en contra de mis compañeros de viaje y de mesa, una almeja o un mejillón en mal estado, y no otra cosa, me arruinó la tarde noche y me quedé sin el postre del último día: la tortilla de Cacheiras. Me quedo tranquilo tras comprobar que mi ración no se quedó en la bandeja. Buen provecho compañero.




lunes, 8 de noviembre de 2021

El ánimo bien, gracias.

Me dice Jaime B. (el hombre que conducía un AX) que últimamente en mi blog advierte muestras de pesimismo o desánimo. Pues no es mi intención. Sobre el teclado virtual de la olivetti, en cuanto mi sistema operativo comienza a trazar la ruta del día, es cierto que me cuesta mucho eludir las inquietudes con las que sabemos que nos vamos a encontrar en cuanto echemos pie a tierra. En cualquier caso, yo se lo niego.

En el estado de ánimo confluyen multitud de estímulos, positivos y negativos, que inclinan la expresión facial hacia una sonrisa en algunas ocasiones o al escepticismo total en otras. Normal. Un sábado del pasado septiembre, llegando in-extremis a una pelota muy alejada de mi drive un pinchazo agudo en mi zona lumbar apagó la satisfacción de haber acabado ganando el punto. Acusé la molestia y seguí jugando pero el daño estaba ahí, como el bocado de una leona en la pata de un ñu que, a pesar del ataque, logra zafarse del depredador y salva la vida. Desde entonces y con episodios realmente dolorosos y mu malos de sufrir no he vuelto a pisar una pista de tenis y voy camino de los dos meses sin mi favorita válvula de escape, alejado de la arcilla roja.

Hasta ese momento, los vapores de la ansiedad y malas sensaciones que provocan las chinitas que entran en mis zapatos todos los días, los paliaba  deslizando mis zapatillas sobre la tierra batida. 

Es un factor a tener muy en cuenta. Mientras se cura mi herida, para aplacar mis malos ánimos, debo conformarme con actividades de nulo esfuerzo físico, esperando pacientemente y deseando que a cada movimiento simple no me recuerde mi zona lumbar la tenebrosa imagen de la resonancia magnética de mi maltrecha columna...

Llega el otoño y vuelve el tiempo de visitar el mercado los sábados por la mañana, muy tempranito para evitar aglomeraciones masivas y tropezones en los estrechos pasillos de los puestos de pescado. Mi hedonismo gastronómico que con tanto esmero vengo cultivando desde hace mucho tiempo me ayuda a tirar del carrito de la compra: los pescados y los mariscos expuestos sobre mares de hielo generan suculentas expectativas para la mesa de los sábados, día sagrado en mi cocina para que los Rollings o Tina Turner pongan su música de fondo y sobre los fogones, a todo trapo, hasta lograr que se me vayan los pies.

El resultado: unos fideos de vendimia tuneados, como un marmitako, con finos bocados de llampuga o una sabrosa crema de calabaza o unos jugosos níscalos (rovellons) o un pez limón (serviola) al horno sobre un impagable fondo de patata panadera, cebolla y ajos laminados ligeramente tostados. Por ejemplo.

Pesimista yo Jaime AX? Creo que va a ser que no.




lunes, 1 de noviembre de 2021

Cambio de armario, fondo de mar

Que nadie se asuste ni cuestione mi salud mental más allá de lo habitual. No he sufrido un brusco cambio de conducta (creo). 

Hace ya ocho años, cuando a estas alturas de otoño estaba a punto de concluir mi fascinante y enriquecedora misión asiática y ultimaba mi out processing para mi regreso a territorio nacional, en las primeras y últimas horas del día, allí, se hacía necesario embutirse en el chaquetón pixelado y levantarse el cuello porque las temperaturas descendían de forma notable. De los cuarenta y seis grados que llegamos a alcanzar un día de junio pasamos a los escasos diez o doce grados de la medianoche de noviembre. Por entonces, al hablar con mi madre, especialmente ella, aún me hacía albergar esperanzas de poder darme unos chapuzones en mi playa porque la bonanza climatológica así lo permitía.

Agua de borrajas. Fue despertar el primer día en casa y tener que resignarme a ver como la fina lluvia empañaba mi ilusión por regalarme un reparador baño en el mar. Acabó la bonanza y llegó el invierno y me quedé sin sol en la orilla.

Aún así, como todos los años menos ese, el sol y la escasez de lluvias me permiten estirar el hábito playero y seguir anclando mis pies en la orilla, disfrutando de este Mediterráneo bonachón que, algunos días, parece un gel transparente que deja ver, con precisión, el fondo, su arena, sus campos de posidonia y toda la fauna (alguna medusa incluida)

A pesar de eso el calendario avanza y llegará el momento de cambiar la ropa diaria, sacar los edredones y echarse un jersey sobre los hombros al caer la tarde...y ahora, además, mucho peor tras el desmoralizante recién estrenado horario de invierno.

Tiene sus ventajas, me dirá Joaco; la gastronomía de otoño llena la despensa de productos de cuchara, llegan los primeros níscalos, apetece emplearse a fondo con contundentes estufados y guisos de ricas carnes, de sopas, caldos y cocidos, de legumbres y demás asados y los manteles atrapan jugosas sobremesas quedando más allá de los ventanales los temporales de viento y lluvia. Y el aroma de un buen tinto vuelve a envolvernos en ancianas ensoñaciones.

Todo eso está muy bien pero me da mucha pereza echar al fondo del armario los pantalones de verano y las bermudas, los polos (niquis) y las camisetas de playa. Ahora bien, el bañador no. Ese se queda en la mochila playera para echar mano de ella en cuanto apunte un rayo de sol por poco tibio que sea.




lunes, 25 de octubre de 2021

El juego del calamar

Reconozco que suelo dejarme llevar por una consolidada tendencia negativa y perezosa a la hora de afrontar, mando de la tele en mano, el inicio de cualquier serie. A esa hora de la noche posterior a la cena en la que los párpados empiezan a pesar y la mente acusa el número de horas acumuladas desde la primera pisada matutina de mi pie izquierdo en tierra, frente al monitor, mi cuerpo se rinde a la evidencia y cualquier sucesión de imágenes en movimiento con un poco de música y algún diálogo me empuja a envolverme en un ovillo de indolencia y me apetece mucho más cerrar lo ojos: que sea lo que Dios quiera, pienso.

Asoma entonces la recomendación ajena de esa serie de moda en una perversa plataforma televisiva. El puntero recorre un inacabable directorio de películas, series y otro programas pero no soy capaz de leer (más pereza aún) la sinopsis que acompaña a cada carátula. 

Me dejo llevar y aparece, por fin, la serie buscada. Play. Segundos de carga y acabamos frente a unos sujetos, al parecer, coreanos o algo así con un lenguaje desconocido e ininteligible para mí. (más pereza). Vuelve para atras el puntero y se va a la tecla de versión y/o subtítulos. Es igual, qué más me da, sigo sin entender nada. Al tiempo que avanza el capítulo más desazón me produce el hilo argumental. Los personajes me resultan tan extraños como si fueran extraterrestres y más ajenos que mucha de su gastronomía (que me perdonen).

Con mi tableta en mano, mis ojos y parte de mi mente simultanean mi atención entro lo que veo a media distancia y lo que tengo más cerca: repaso de mis fuentes, mi blog, mis visitas -contadas- al feisbuk y si hay algo de suerte alguna retransmisión deportiva digna de interés.

Necesito ya un acelerado proceso de hiperventilación y mi boca se abre como la de un león en el Serengueti después de papearse una cebra y los coreanos siguen expuestos a una sangrienta escabechina. Brutal y violenta, me pregunto dónde está la gracia y dónde el mensaje subliminal. Estos tipos no hacen las series con la mera intención de entretenernos, no. Buscan algo más y, hoy en día, con la pandemia hemos podido comprobarlo, el que se proponga cualquier método perverso de liquidar a una buena parte de la humanidad, prácticamente con una buena dosis de malicia lo tendría fácil.

Envenenado por la incertidumbre del final, casi sin prestarle atención he seguido con esa mirada alternada a media distancia. Ya quedan pocos supervivientes y mis pies ya se arrastrarían por la alfombra hacia un lugar seguro sin malicia y no sanguinolento. Me resisto a saber cómo acaba la serie o acaso esta temporada, porque como, es un hecho contrastado, está siendo el éxito de la temporada, puede que se prolongue unos cuantos años más. ¿Será por falta de coreanos?

Paso. Me ceñiré a mi tableta, a mis cosas, a mis retransmisiones deportivas. En ocasiones, un Rayo contra el Alavés te puede salvar la noche de un lunes. O lo mismo un campeonato de curling. O un combate de UFC....cualquier cosa que no me quite el sueño y mucho antes, en cualquier caso, que un puñado de coreanos cagados de miedo.

Ya entre sueños vislumbro la metáfora: no seremos nosotros -algunos españoles- los que hacemos de coreanos en un polideportivo descomunal y, atemorizados, estamos a punto de ser acribillados por impuestos, tasas, prohibiciones, obligaciones....sea todo por la libertad.

lunes, 18 de octubre de 2021

Unos cortos

Ministerios celebrity.

La realidad acaba superando la ficción, como suele decirse, y al final, las mil piruetas que tienen que hacer los genios de la televisión en sus ocurrencias de creación y realización de programas de éxito alcanza otros terrenos con menos margen de ensayo y mucha más posibilidad de estrepitoso fracaso.

El modelo de masterchef celebrity (bodrio del que dudo mucho pueda obtenerse un mínimo aprovechamiento gastronómico) ha desembarcado en la política y así, con el cuajo que manejan y ante la incredulidad de miles de ciudadanos magníficamente formados y preparados, llegan al gobierno ciertas celebritys  (viejas conocidas de comisarias y juzgados) que, sin estar capacitados ni para distinguir un huevo de una castaña, han sido designados para confeccionar y perpetrar una receta (que nos habremos de comer, sí o sí) o asumir un cargo de alta responsabilidad. Así, sin anestesia ni derecho a réplica. (dónde quedó la prensa "independiente" que en otro tiempo se rasgaba las vestiduras ante supuestos similares: puertas giratorias, precio de la luz, nepotismo, etc.) De ese presunto chef no me atrevería a probar ni un guisante crudo pero lo jodido es que habrá que acabarse el plato.

El queso gruyere de la historia.

El permanente proceso de revisión al que, en todo el mundo, están sometiendo a nuestra historia está obligando a ir ahuecando su contenido, tapando hechos y momentos por los cuales, unos cuantos han decidido que debemos sentirnos avergonzados y obligados a pedir disculpas. Desde el mismísimo papa paco, y que me disculpen la irreverencia los más cafeteros, pasando por (osama) Bi(n) (la)den - el presidente norteamericano- y siguiendo con multitudes de histéricos revisionistas de aquí y de allá que andan a pedradas con las estatuas y la memoria de Colón, de Hernán Cortes, de Núñez de Balboa y demás insignes conquistadores, se han empeñado en que borremos de nuestra memoria y de nuestros callejeros urbanos sus nombres y los de las gestas, hitos y hazañas que dieron lustre a nuestra Patria y que nos llegaron, vistiendo pantaloncito corto, en el plan de estudios único y que se reflejaban en aquellas colecciones de cromos de Historia Universal que con tanto orgullo se envolvió nuestra niñez. Pues toca meter el sacabocados a nuestra historia y dejarla como un queso de gruyere.

Cualquier país que hubiera tenido ocasión habría celebrado el 450 aniversario de la Batalla de Lepanto como corresponde. Nosotros lo hemos hecho silbando hacia otro lado y con las manos en los bolsillos.

Brown sugar

Es una de las canciones de los Rollings que más me gustaba escuchar en directo y ellos, sin censura ajena, han decidido apartarla del repertorio de sus conciertos. Hincan la rodilla en el suelo y parecen arrepentidos por la polémica que provoca, ahora, una canción que tiene cincuenta años. Quesito gruyere en porciones.

Y hay más, desgraciadamente



lunes, 11 de octubre de 2021

El blog de madrugada

Chavela se desgañitaba arrastrando su voz con desgarro y pasión, como ella solía, La llorona. Sonaba en los minúsculos auriculares. Otros escuchan noticias, tertulias y canciones de otra índole. Hay oscuridad ahí afuera. No despunta el día y los ojos, mis ojos, como platos. Será que ya dormí todo lo que debiera. Claro, me acosté sobre las once y caí como un ceporro.

Es un excelente momento para reflexionar y aunque sería más placentero seguir durmiente esto es lo que hay. Se encienden poco a poco todas las lucecillas, todos las luces piloto de cada una de las pequeñas inquietudes que se acumulan como granitos de arena durante todo el día y empiezan a crepitar como palomitas en el microondas durante la madrugada, doblando o triplicando su volumen. Cada mirada a las agujas fosforescentes del reloj de pulsera se convierte en una pequeña puñalada. No regresa ni siquiera la somnolencia ni el aturdimiento. Respiración profunda y algún aspaviento de la conciencia, solo el silencio de la casa actúa como cómplice necesario para recuperar el sueño. 

Afuera, en algún rincón de una habitación contigua, un gato negro con su cabeza apoyada sobre sus patas delanteras aguarda sigiloso que el crujido de un mueble o el sonido rasgado de los visillos al mecerse leves por la brisa no perturbe el dulce momento de la pausa. Solamente sus orejas afiladas parecen radares en permanente movimiento, captando señales y alertando, llegado el momento, al resto de sus sensores inteligentes; bigotes, cola, ojos....

La mente juega una mala pasada. Todo lo trivial y banal cobra una gravedad inusitada y ante la dificultad de ser resuelta al instante, cualquier preocupación se presente con tarjeta de visita de ecuación de segundo grado. Para un negado absoluto para las matemáticas, incapaz de resolver a estas alturas ni una raíz cuadrada, el cálculo mental se conserva como el único juego capaz de recobrar la sensación de sueño. Se cierran los ojos y se dibujan fantasmagóricas representaciones entre lo absurdo y la realidad, punto de arranque de un pequeño corte, una desconexión neuronal que me permitirá volver a dormirme.... 

Entran en el borrador del blog mil ensoñaciones. Como un algoritmo diabólico se cruzan sensaciones y sentimientos; muchos de ellos absurdos pero muy poéticos: suenan bien para dejar que los dedos se lancen veloces sobre el teclado del ordenador.

Todo acaba, y se aclara, cuando llega el momento de echar pie a tierra firme, ancla al fondo, velas recogidas y a desayunar. No sea que aún lleguemos tarde a la primera cita de la mañana.

Necesito mantener la vitalidad y obviamente no voy a conducir el fin de este blog de madrugada a la canción de Chavela, La Llorona. Prefiero que lo haga uno de sus followers


lunes, 4 de octubre de 2021

Barcelona vandalizada

En la parte más baja del Ensanche, por encima de la Plaza de la Universidad, en las más grises y oscuras tardes de los domingos de invierno, podía oírse, perfectamente, el sonido del silencio. El viento helador de Barcelona barría las baldosas de las aceras (los panots de Puig i Cadafalch) y tan solo la silueta de algún gato con los ojos semicerrados se acercaba sigilosamente a los alcorques de los plátanos urbanos, desnudos ya de su hojarasca, que se elevan casi hasta las azoteas de los edificios. Los portales, estrechos muchos de ellos, solían presentar un aspecto pulcro y ordenado. https://youtu.be/Qt2mbGP6vFIUnas baldosas de mármol blanco al que las pisadas de miles de transeúntes durante su existencia centenaria han hurtado buena parte de su grosor y unas pesadas puertas de hierro negro y cristal dan acceso a un rellano donde el suelo está casi siempre cubierto por bellísimas baldosas de terrazo hidráulico multicolor con motivos florales. En sus entresuelos solían ubicarse gestorías y consultas médicas, las únicas que permanecían con las puertas abiertas. Inconfundibles el olor y la precaria luminosidad del recibidor. Y siempre un pulsador de timbre en el mostrador de la entrada.

El silencio de la calle podría llegar a ser estremecedor, si cerrando los ojos, entre la ilusión y la memoria alcanzara la imaginación a retratar a las más remotas generaciones de los moradores de esas viviendas. Si apuráramos en el detalle posiblemente veríamos a contemporáneos de Gaudí saliendo a dar un paseo por el barrio, guiados por el elegante porte, ya extraviado, de aquellas generaciones de sombrero y bastón ellos y de tocados tenues y livianos ellas, sobre sus cabellos morados envueltos entre las garras de astracán

De los viejos y amarilleados fascículos del Patufet, (cinc céntims) que semanalmente nos compraba mi padre junto al Strong, Flash Gordon, La Trinca, el TBO y otros (todos encuadernados posteriormente en piel y cartón), guardo en el disco duro de mi memoria el retrato de aquellas imágenes del ensanche, de muchas de las familias Ulises que habitaban Barcelona (y de los inventos del Profesor Franz, de Copenague -sublime el dispositivo ingenioso para evitar bocados en el interior de los mofletes durante el proceso de masticación de alimentos-).

Un drama que me oprime es que cada vez veo más lejano el momento de volver a disfrutar de Barcelona, de pasear por la parte baja del Ensanche, de perderme por sus Ramblas sin temor, sin necesidad de mirar asustado a ambos lados, de recorrer los barrios que retrataba Vázquez Montalbán, y de volver a comer en Casa Leopoldo, restaurante favorito de Pepe Carvalho (alter ego del novelista?).

Barcelona ha sucumbido, desgraciadamente, a nuevas corrientes urbanas que la han apartado de mis prioridades. Prefiero conservar en mi memoria lo disfrutado en sus calles que verme envuelto en una intifada de molestos antisistemas, su sociedad dominante en lo que llevamos de siglo XXI, permanentemente preparados para liarla con lo que tengan a mano y con el argumento que sea. Para ellos todo vale y los Mossos no pueden con ellos.

Me abruma la decadencia de una ciudad que creció desde el barro de sus calles (Can Fanga), literaria su historia desde la Edad Media (La Catedral del Mar, Ildefonso Falcones, por ejemplo), creciente y floreciente entre las exposiciones universales de 1888 y 1929 ( La ciudad de los prodigios, Eduardo Mendoza), angustiosa y desesperada en la posguerra (Nada, Carmen Laforet) modernista y luminosa por momentos y misteriosa y enigmática cuando mejores galas lució (La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón). 

Barcelona renació unos años antes de las olimpiadas para dejar una incontestable mejora urbanística y de infraestructuras poco después de certificar la defunción de la generación de la Gauche Divine cuya decadencia aún pudimos disfrutar los privilegiados jovencitos de los ochenta que llegamos a apostarnos en la barra de Bocaccio, después de cerrar, ya de madrugada, los Quartier y Up&Down (solos y desconsolados "on the rocks") juntándonos con lo peor de cada casa mientras afuera, en la calle Muntaner,  ya apuntaba sus primeros rayos el tibio sol de invierno. 

Y ahora toda esa ciudad a tiro de un coctel molotov de los nenes de Ada. Manda güevos!!!!

Gracias por el póster, Joaco



lunes, 27 de septiembre de 2021

El circo y los payasos

A menudo, en conversaciones de cañitas o de café y con lo calentito que se presenta el panorama económico de los próximos meses surge el asunto de las cifras del fútbol: los contratos millonarios, los precios de los fichajes, los derechos de las televisiones, las afluencias a los estadios y un largo etcétera de cuentas y cuentos.

El gas y la electricidad van a marcar la cuenta de gastos de empresas y particulares. En especial, sobre las economías domésticas de estos últimos recaerán, además, los sobrecostes de las empresas que repercuten en el precio de sus servicios y de sus productos el incremento de gasto correspondiente a la partida del suministro energético. Ya ha subido el precio del pollo y del aceite. Nadie me lo ha contado, yo los meto en mi carrito de la compra. 

Dale al balón, enchúfala bien y métela en la portería, que si marcas te voy a echar unos cuantos euros más en tu monedero electrónico, figura.

Mientras todo esto sube, resulta que algunos clubes de fútbol lloran sobre la leche derramada por sus ruinas económicas y compiten en desigualdad porque otros sí pueden ayudar a que sus jugadores franquicia puedan estrenar cada día zapatos y deportivos mientras a otros a duras penas les alcanza para remendar sus alpargatas.

Luego te llega al club un jugador estrella y de repente, en los mercados asiáticos, su camisetita con su nombre estampado en el dorso, se agota pese a que el precio supera de largo los cien euros (coste medio de un hogar pequeño en el recibo de la luz). 

¿Cómo explicar este fenómeno? Los menos cafeteros, aquellos a los que cada vez que coincides con ellos viendo un partido de fútbol de manera ocasional  tienes que acabar explicándoles la regla del fuera de juego, no entienden las cifras que se barajan por ver como unos tipos en calzoncillos  le pegan patadas a un balón.  A ver, Enriquitos del mundo, si los que vierais fueran albañiles, contables, abogados o mecánicos que en su tiempo libre se citan en el polideportivo del pueblo con su camiseta de "Engranajes y rodamientos Pérez" o de "Modas Vanessa", entiendo que no se cotice muy alta cada patadita o cada gol. Por contra, si hablamos de los grandes clubes y príncipes del petróleo y de consagradas vacas del regate exquisito o de la vaselina perfecta al fondo de la portería, ya es otro cantar. Ahí se genera mucha pasta y si el circo genera beneficios parece lógico que los payasos no tengan que comprarse la pintura facial hacendado.

Así vamos y me consta que muchos culés, que no han acabado de digerir ni de entender por qué Messi la toca en Paris y por qué ha vendido su mansión de Gavá, al tiempo que enjuaga sus mocos y lágrimas en kleenex comprados por palés, no hace más que rebozar su desgracia en el yutub con los seiscientos y pico goles de la Pulga con el barça, con idéntica amargura a la de algunos nostálgicos del viejo régimen, cuando se autolesionaban con reportajes del nodo, viendo como el General lo bordaba estrenando pantanos. Comparan la tragedia -ya es estar enfermo- como la del niño que ve como su padre juega con los hijos de otro y de otra que no es su madre y en hogar ajeno. Brutal!

Todo por la pasta. O no?  (Y que me perdonen los payasos, por supuesto)

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lunes, 20 de septiembre de 2021

Demis baila en el salón

Se desvanecía con cierta frecuencia la señal de la tele. Quedaba la pantalla atrapada por unos segundos en un inquietante fondo negro, sin imagen ni sonido. Al cabo de un rato se recuperaba la emisión en directo; regresaba la imagen viva y personajes en movimiento y sonaban sus voces. En ese lapso, entre la cordura y el destierro de la consciencia, por los vahíos de la sobremesa, procedente de mi interior escuché la voz meliflua de Demis Roussos, sobreponiendo su tono al de los coros y a la música de la orquesta. Cantaba con el sonido agudo de un globo deshinchándose al achatarse el pitorro, pero con una total solvencia. Fue allá por los 70 cuando su enorme figura envuelta en holgados vestidos o capas o faldones o túnicas (no sé muy bien como deben catalogarse) en la telefunken en todo lo alto del salón e imágenes en blanco y negro, comenzó a hacerse visible en todos los programas de aquella televisión española -la única, la de todos-. Mi padre, que por entonces se gastaba una talla similar (y cierto parecido cuando en verano dejaba que una densa barba poblara su cara) jamás se habría vestido así, por supuesto, pero a menudo y tal vez para hacernos rabiar -especialmente a mi madre-, decía que se iba a encargar unas cuantas de aquellas prendas, que las encontraba muy acertadas y que él no tenía problemas con el respeto humano, una expresión con la que nos machacaba irónicamente ante algo que nos avergonzaba expresar o suponía una barrera psicológica por mostrarnos en público tal y como éramos: por "el qué dirán". El respeto humano no implicaba desinhibirse hasta el punto de poder llegar a hacer el ridículo, pero saber esquivarlo sí era un refuerzo emocional para poder ser como uno es, tanto en público como en la intimidad. (Respeto humano - Diario Córdoba (diariocordoba.com)


En cualquier caso, afortunadamente, jamás llegamos a ver a mi padre vestirse con túnicas como las de Demis, ni lo escuchamos cantando ninguna de sus canciones pero le hacía mucha gracia - y tarareaba con sorna, como todos hacíamos - el famoso triki triki triki triki triki mon amour. Cuando sonaba aquella canción levantaba sus brazos, extendiéndolos hacia los lados, como Zorba el griego y hacía chascar sus dedos mientras reía casi a carcajadas burlonamente....respeto humano.

Yo, que por entonces estaba en plena efervescencia de hormonas prefería verlo bailar como William Holden y Kim Novak en la famosa escena de Picnic, que mi padre también bordaba con portentoso virtuosismo.

Se retiró Kim Novak, murió William Holden, murió Demis Roussos, (ha muerto Charlie Watts, no me olvido de él) y mi padre, desde algún rincón de la eternidad, seguirá sonriendo mientras baila emulando a unos o a otras e incitándonos permanentemente a que superemos el respeto humano

lunes, 13 de septiembre de 2021

Con Franco se prohibía mejor

Hace ya un tiempo decidí ir dejando de asomarme poco a poco a según que charcas y pozos sépticos de la actualidad. Ese distanciamiento voluntario, en demasiadas ocasiones, es difícil de mantener. Trato de evitar hasta el mero vistazo a los flashes informativos que picotean como un mensaje o como un whatsapp en mi móvil o los que me salpican en la pantalla cuando el índice de una mano toca tecla indebida o cuando entra en el campo magnético en el que se introduce el propio móvil cuando lo guardo en el bolsillo del pantalón (a veces cobra vida propia y se pone a escribir o a llamar a números aleatorios o a cambiar imágenes de algún chat). Algoritmos perversos y diabólicos.

Pese a mi caprichoso empeño, el día tiene demasiadas horas y resulta imposible abstraerse totalmente de la cotidiana dosis de memeces y majaderías que vomitan, con una contumacia insoportable y soberbia estupidez, casi todos los que nos gobiernan (no todos, porque algunos de ellos ni siquiera dan prueba de vida suficientemente inteligente como para que alguno de sus rebuznos cobre un perfil relevante).

Todo lo que emana del gobierno y de lo que se viene ahora llamando con muchísimo acierto la "prensa concertada" me produce un repelús insufrible. Lo peor es que lo que hoy nos pone los pelos de punta pasará mañana a ser una mera anécdota. Es una permanente escalada -medalla de oro olímpica- de majaderías. Y a cada gracia oficial le sucede un trágico hito que pasa de largo: estamos estupefactos contemplando como el precio de la luz casi cuadruplica su valor en menos de un año... y no pasa, ni pasará na-da. 

¿Dónde están los medios de cámara (músico pagado no toca buen son) y los mediocres políticos que se echaban las manos a la cabeza y a los que se les hacía corto el editorial o chica la pancarta teorizando sobre la pobreza energética? Yo contesto. Han desaparecido poco después de decirnos -tan frescos ellos- que España climatiza por encima de sus posibilidades.

Tampoco, dicen, se podrá beber coca-cola, ni comer un buen chuletón o un solomillo, ni pensar si quiera en contra de lo que dice el gobierno, ni educar a tus propios hijos, ni hablar en castellano, ni curar o diagnosticar u operar en castellano donde deberían coexistir dos lenguas oficiales, ni rezar, ni viajar en avión, ni superar los treinta kilómetros por hora, u ochenta, o ciento veinte, o fumar, o ir al cine, o tomarse una copa, o reunirse en familia...Con Franco se prohibía mejor!

Que no nos cuenten cuentos. Son ellos los que nos gobiernan por encima de sus posibilidades al tiempo que, entre bostezo y bostezo, aplaude la prensa concertada tras pacer en los pastos de protección oficial.

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lunes, 6 de septiembre de 2021

El verano de la gente guapa

Aparecen en las portadas y, salvo que en un momento puntual despunte un personaje de mayor relieve o más rabiosa actualidad, en las páginas centrales y a todo color desnudan sin rebozo alguno la intimidad de sus vidas. Sus vacaciones son seguidas como si el resto de mortales nos abanicáramos con el aire fresquito que sale de sus climatizadores ecológicos. No sudan, no traspiran, no sufren la ola de calor. Puede que sus propinas no sean siempre generosas pero seguro que por el importe de alguna de ellas da para descubrir la cabeza de más de un gorrilla de esos que señalan las plazas de aparcamiento que van a quedar libres y podría pagar el whiskas de toda "su" colonia de gatos asilvestrados con la que convive él como uno más.

En el caso de los futbolistas, los vemos siempre a popa de grandes barcos, en modo Cousteau,  luciendo mucho tatoo ellos y poca tripita ellas, sus wags. Llega un momento en que uno se cuestiona si merece la pena ser tan rico para no poder echarte al cuerpo una buena dosis de insanísimos alimentos transgénicos, con mucha grasa, con mucha salsa, para mojar mucho pan y que cueste un esfuerzo titánico pasar de la mesa a la hamaca para permitir que el hilillo de baba del exceso, rebosando el aparato digestivo, asome y brote por la comisura de los labios.

Lo de la vida sana puede resultar tan creíble como cualquier otro elemento de atrezzo para la foto, pero no creo que, al fin y al cabo, se cuiden tanto. No solo hay que pasarlo bien. Es que además hay que dejarse la piel en aparentarlo y, si es posible, mejor que los demás.

En esa exhibición impúdica del buen y feliz veraneo no sucumbe nadie. Ni los ministros, ni las ministras, ni les ministres. Todos pocholean; beben cocacola ( ya se sacrifican ellos) para que no tengas que hacerlo tú. También se refrigeran en sus segundas residencias y se dejan untar su espaldita por su propia pareja, tumbaditos y sonrientes como unos micromachistas más. Mientras, tú estás contando los días que faltan para llegar a final de mes y que no llegue antes el recibo de la luz de tu único piso, no sea que la corten. Acabas de pagar los libros del nuevo curso de la escuela concertada mientras ellos, que apuestan por lo público en todo, ya han matriculado a los nenes en el super colegio privado en el extranjero, o sea.

Y si hay que sentarse en el Luis XV como una diva en declive en sus salones del viejo palacio, pues que se jodan los fachas, que nosotras lo valemos. Y si hay que revisar los pilares del marxismo, pues eso, también.

Garantizado el plan de pensiones, en el peor de los casos siempre quedará el postureo de plató y con un poco de suerte el consejo de administración de alguna hidroeléctrica, aunque te pongan a caldo por ello. Se sigan jodiendo, envidiosos!

Y luego está la gente realmente guapa. Las siluetas exiguas, los estampados floreados, los pies, morenos y descalzos, sobre las tapicerías de seda, los bikinis que jamás se sumergirán ni en las más turquesas de las aguas y esa joyería que se lleva con la naturalidad propia de quien se ha dejado unos pocos euros en el top manta. 

Si no  fuera por la prensa rosa, a ver de qué íbamos a saber qué outfit nos falta en el armario. 

Ladramos, luego cabalgan. Y con esta caló!!! 

lunes, 30 de agosto de 2021

Veraneo en tiktok

El tiktok golpea con insistencia en las mentes de nuestros hijos y parece que se ha convertido en la única estrella que guía sus pasos. La juventud lee poco (o nada) y la filosofía de la vida les viene en formato de video musical coreografiado por anónimos adolescentes o tipos con sus pieles cubiertas de tintas de todos los colores, con aspecto de presidario y con todas las bendiciones socioculturales vigentes; desde la perspectiva de género hasta el animalismo más activista. Vale.

Pero que abandonen otras inquietudes intelectuales y quieran ver su vida reflejada en unas escenas que mezclan naturaleza, coreografía, maquillajes extremos, habilidades corporales, deportes de riesgo y una canción pegadiza solamente les conduce a su indigencia intelectual. 

En un futuro no muy lejano, alguien, además de hacer cupcakes y albóndigas de colores tendrá que inventarse vacunas, diseñar aeronaves, encontrar fórmulas matemáticas o físicas que mejoren el resultado de los actuales algoritmos caprichosos que dictan cómo hemos de vivir. Y otras muchas cosas que cubran las necesidades reales de la humanidad. Y gobernar bien, que parece que es algo muy difícil.

Es verano y vivimos al aire libre. Y no son solo los niños. En cualquier punto o accidente geográfico, desde un acantilado hasta la más poblada de las playas, desde la cubierta de una lancha hasta en la moto de agua se puede observar a un ser humano maniobrando con un móvil alrededor de su silueta, entre sonrisas, labios besucones y signos de victoria. No es un selfie: es un tiktok. Sin sentido del ridículo, cuando el sujeto en sí (o sujeta) empieza a modelar es a mí a quien le suben los colores a la mejilla por vergüenza ajena. No es justo.

Que los niños lean más, por favor, y que se dejen de tanto tiktok!!!

A la playa y dentro de la "senalla"


(Foto "robada" de la senalla playera de mi hija María)

Llega septiembre y es buen momento ya para volver a dejarse llevar por unas líneas y de vez en cuando alzar la mirada mientras por los oídos y frente a un horizonte infinito y la agitada mar de otoño suena...Van Morrison .

Hala, a disfrutar!!!

lunes, 23 de agosto de 2021

Aquel verano afgano

En una de las paredes de la pequeña capilla de la Base de Herat había un cuadro en el que se relacionaba, junto a sus fotos, los nombres de algunos de los militares españoles que entregaron su vida en la misión. Un puñado de fieles uniformados asistíamos puntualmente al desquiciante oficio del páter que nos cayó en suerte. Para evadirme de sus lisérgicas y atropelladas homilías me refugiaba en los nombres y los rostros de los que allí cayeron intentando, con mi oración, honrar su memoria como merecían. (Al final, decidí cambiar de parroquia y cumplir mis deberes espirituales en "little Italy", con una misa mucho más dinámica y con homilías que comprendía mucho mejor, a pesar de que no entendía ni papa de italiano)

En mi conciencia, mucho más limpia que la de cualquier malpensante, tengo muy claro que no me mueve a escribir estas líneas ningún tipo de oportunismo ni mucho menos afán alguno de protagonismo. Desgraciadamente, en todo caso los añorados protagonistas de este relato serían todos los caídos en Afganistán (y en el trágico trayecto de regreso de una parte del contingente que falleció en el accidente del Yakolev). La muerte de todos ellos y la del resto de otras nacionalidades que formaron parte de la misión internacional a lo largo de los últimos veinte años, parece que deviene como inútil y baldía a partir del momento, tan previsible por otra parte, del que estamos siendo testigos estos días.

A raíz de los últimos y terribles acontecimientos, por un momento he vuelto a vestir el uniforme árido pixelado, me he calzado los botarros polvorientos y he regresado a mi corimec, sede de la Intervención Delegada en la FSB "Camp Arena" Herat, Afganistán y a la formación en la Plaza de España para asistir al izado de Bandera de cualquier lunes, junto al escorpión gigante que pintó un habilidoso soldado de nuestro contingente.

Fuego en la cara. En las horas previas a nuestro relevo, en la Plaza España formábamos los contingentes saliente y entrante. En los días anteriores habíamos efectuado los trámites de sucesión de función y cargo. Cada cual el suyo. Eran los primeros días de mayo y a esas horas centrales del día las temperaturas ya superaban los treinta grados. Un aire leve, como un suspiro y cálido como cuando se acerca uno a unas brasas. Un anticipo de lo que iba a ir en aumento los siguientes meses. En cualquier caso aquello, la temperatura, no era la peor amenaza inicialmente aunque al final de la misión, cualquiera de nosotros estaba suficientemente contento por que sí fuera ese el principal problema en zona de operaciones.

Algunos de mis compañeros de misión y de profesión, también algunos familiares y muchos de mis amigos han tenido un momento de reflexión que les ha llevado a acordarse de que yo  también estuve allí. He recibido en ese recuerdo un beso de condolencia, un abrazo de compadecido pésame por lo que ha ocurrido y por lo que ocurrirá. 

Tantas vidas uniformadas, entregadas en una misión que en origen ya se antojaba como imposible; el riesgo cierto de poder llegar a formar parte de la leyenda negra de un rincón del infierno, una larga lista de víctimas -unos en acciones de guerra, otros por accidente-...ausentes para siempre. Padres, hijos, madres, esposas, amigos, compañeros...

Si algo ha dejado una profunda huella en mi carrera, al margen del compromiso con el que he tratado de ejercer siempre mi función, ha sido mi misión en Afganistán. Quedó impreso en mi memoria el árido recuerdo de la cegadora luz del cielo afgano, del denso aire que respirábamos y del color ocre de todo el escenario. La ausencia de otros colores, de otros aromas,  de matices, de otras prendas de vestir. La enorme distancia con lo propio de cada cual. La lejanía del hogar. El lento pasar de los días, las incontables horas en el corimec de mi despacho, los cotidianos desplazamientos entre el compound español, donde residíamos y el italiano, donde trabajábamos, a cualquier hora, de cualquier día, de cada uno de los casi siete meses (de mayo a noviembre), los pasillos blindados por muros compuestos por miles de  bloques de hesco bastion, los suaves y precoces  atardeceres en los que el sol rebajaba por fin su inclemente castigo, el cielo nocturno estrellado y la imponente y nítida visión de la vía láctea, los compañeros de misión - los mejores que jamás imaginé iba a tener-, la suerte de poder compartir excelentes momentos con todos ellos y el lujo de poder ejercer mi función con plena libertad y satisfacción personal y profesional.

Era dentro de la base donde la libertad estaba custodiada y protegida. Sabíamos que al otro lado del muro, más allá de la línea de merlones que encapsulaban nuestra seguridad, la cosa era muy distinta. Se oían, algunas noches, señales de otro tipo de vida, algunas detonaciones y disparos esporádicos, más para intimidar -nos decían- que para atentar realmente contra nuestras vidas. Lo sabíamos pero aún así no nos fiábamos. Sabíamos mucho mejor lo que ocurría fuera por lo que publicaba nuestra prensa nacional en sus digitales que por la escasa información que nos llegaba del propio teatro de operaciones. En eso, cada cual tenía su misión.

Es una lástima que se diluya todo aquel esfuerzo de miles de hombres y mujeres, aquellas vidas entregadas, para acabar dándonos la razón cuando decíamos, sin necesidad de ser pitonisos, que desde el preciso instante en que el último soldado occidental abandonara Afganistán, todo volvería a ser como lo encontraron al principio de la misión: el infierno en una perpetua edad media, con un tiempo infinito -sin necesidad de usar reloj- para aplastar y aniquilar a hombres, mujeres y niños inocentes que piensan diferente a quienes les gobernarán hasta que se produzca otro intento de rescate mientras de noche y al raso, bajo la vía láctea, sueñan otra vida. Cualquiera que no sea la de vivir bajo la amenaza de un Estado empuñando permanentemente un AK47.






lunes, 16 de agosto de 2021

Vírgenes empoderadas y demás artistas

Al margen de las polémicas, desde que hace algún tiempo descubrí sus canciones, sus interpretaciones de trabajos de otros artistas, sus programas de viajes musicales por España y desde un punto de vista meramente artístico consideraba que era una cantante colosal. En el trasfondo de sus recientes éxitos figura, como contundente denuncia, la violencia machista que, al parecer, ella misma ha sufrido en sus propias carnes. Pocas personas con el perfil de actualidad y ese talento pueden hablar, y que sea cantando con esa excelente voz y musicalidad, de ese ardoroso asunto, demasiadas veces presente cada día en las crónicas de sucesos, por desgracia.

Dicho esto y desde mi ingenua aspiración de convivencia y respeto entre las creencias religiosas de cada cual ¿no podría haber encontrado otra manera de anunciar su gira, sus conciertos, sus actuaciones o sus discos? ¿Es necesario traspasar esas líneas de respeto hacia quien -insisto- en pleno derecho de cultivar las creencias religiosas que le de la gana, pueda sentirse ofendido por su infame deseo de utilizar la imagen de algo que recuerda a una virgen? ¿Se ha planteado utilizar en esa promoción algo que represente a otras creencias o hábitos sociales, o exigencias culturales? ¿Una burka, por ejemplo? No, claro. No son tan tolerantes y hay que echarle valor a ese descaro. La falta de respeto puede costar la vida. En cambio contra la religión católica sale gratis e incluso puede resultar económicamente muy rentable.

A menudo se critica a quienes desde partidos políticos o desde posturas individuales se defiende el derecho al culto que sea. Se les trata de mojigatos, se les encadena a una sistema político del que deberíamos empezar a desterrar su espíritu muerto de nuestro argumentario (tan rancio como aquello que evocan) y se debería tratar de buscar más motivos para acercarnos y ninguno que nos divida.

Cuando entran en colisión los derechos de las personas; el de libertad de expresión y el de fe y práctica de cualquier religión, ¿Quién ofende más y quién es más ofendido?

Automáticamente ha saltado la reacción política -alguien tendrá que velar por el respeto hacia los fieles católicos- y a continuación la réplica progre, cursi ad nauseam, como es habitual porque son siempre ellos, los progres y kulturetas, los que decretan qué es y qué no es libertad de expresión. 

Pues no, bonita, espero que no vendas muchos discos si para ello tienes que apoyarte, no en tu talento, sino en la burla y tu frustrado (y hortera) intento de blasfemia, aunque la polvareda mediática ya te haya ayudado bastante. 

Escuchar la excelente música y la estremecedora voz de Zahara no debería ser excusa para seguir pegándonos estacazos a diestro y siniestro.

Me has decepcionado. Me habría comprado tu disco.


lunes, 9 de agosto de 2021

Devuélveme las llaves de la moto...

A estas alturas debo reconocer que todavía no tengo un criterio claro y que mis pensamientos navegan a la deriva en una marejada de sentimientos encontrados. Si tuvieran que regir la razón, el sentido común y, cómo no, la economía estoy convencido de que la marcha definitiva de Messi del Barça se ajusta, en principio, a la lógica. Pero en el mundo del fútbol y especialmente para los aficionados en general y para los socios en particular, algunos futbolistas -como cromos que no cambiaríamos nunca con nadie- forman parte de los sueños; aportan inmensas alegrías y, en ocasiones, silencian pesarosas frustraciones. Y es en ese perfil donde entra en juego el corazón y los sentimientos y resulta imposible entender que se nos esfume el icono totémico de tantas generaciones de barcelonistas, frecuentemente maltratados por la historia, por las prolongadas sequías de éxitos y títulos, pese a que en los últimos años, y en los que ha estado presente Messi, el club parecía haber invertido favorablemente la tendencia.

Le decía el sábado pasado a mi veterano amigo culé Javier R. que me sentía como si me hubiera dejado esa novia de toda la vida y tuviera que ser testigo, además, de los manoseos y susurros al oído con los  que le quisiera acechar cualquier tipejo.

Es un bocado malo de digerir, se hace una bola en la boca y no pasa. Advertidos estábamos y sabíamos que más pronto que tarde esto iba a acabar pasando pero no parece que nadie estuviera preparado ni con el hecho en sí ni con la manera en que se ha producido, pese a que, como ya queda entendido, en el fútbol actual más que en otros terrenos, la pasta es la pasta. 

Entre lágrimas y congojas (que hacen más creíble el relato) mostró Messi su faceta más frágil. Atrás quedaban todos los finales de temporadas anteriores cuando se plantaba el nene con su papi para exigir una revisión del contrato, una mejora de su exigua paga, una nueva exigencia de fichar a fulanito o perenganito y un largo etcétera de reivindicaciones económicas y deportivas.

Por su parte, en el otro lado de la mesa se sentaba la junta que presidía un club lastrado por la deuda y arrastrado por el seguidismo de una nefasta deriva independentista. El "soci" ha tragado -si no catapultado con sus coros cansinos en el minuto 17:14 de cada partido- a la institución a ese abismo.

Sin caja y sin Messi: así es como afronta el Barça su futuro deportivo más inmediato. 19 ligas y todas sus noches, como diría Sabina. Eso es lo que van a tardar en olvidar los últimos veinte años muchos culés.

lunes, 2 de agosto de 2021

Veranos infernales

11 de julio de 1978. Un camión cisterna cargado con miles de litros de propileno (más toneladas de lo permitido) estallaba, al parecer por sobrepresión, al pasar, por la N-340. junto al Camping Los Alfaques, en Alcanar (Tarragona). El mero contacto del gas con el aire convirtió en un infierno unos cien metros a la redonda del lugar de explosión y la onda expansiva alcanzó una superficie próxima a los doscientos metros. Las impactantes imágenes del escenario nos dejaron una pesada huella en la memoria que, transcurridos más de cuarenta años, no hemos logrado borrar. Los cuerpos calcinados, retorcido, con brazos y piernas petrificadas, humeantes muchos de ellos, de todos los tamaños y en todas las posturas, nos proporcionaron una información visual brutal: los efectos del fuego en el cuerpo humano.

14 de julio de 1986. Una furgoneta cargada de explosivos y con capacidad para provocar un elevado número de víctimas mortales explosiona al paso de un autobús de la Guardia Civil por la Plaza de la República Dominicana de Madrid. El escenario tras el atentado es espeluznante. Además de las heridas y mutilaciones, amén de las secuelas psicológicas, fallecen doce Guarias Civiles. Sus fotos, junto con las restantes de los otros miembros de la Benemérita victimas mortales del terrorismo cobarde y canalla de ETA, figuran en el mural de la memoria de los ciudadanos de bien para recuerdo permanente de su vil asesinato: Ni olvido ni perdón.

19 de junio de 1987. ETA coloca un potente explosivo en el centro comercial Hipercor de la Avenida Meridiana de Barcelona. Esta vez víctimas civiles pero contra los intereses de una empresa de capital francés. 21 fallecidos y medio centenar de heridos. Ni olvido ni perdón

13 de julio de 1997. ETA asesina a Miguel Ángel Blanco, después de tres días de cautiverio y  tortura. Ni las manos blancas ni la razón, ni las concentraciones ni las peticiones masivas...la banda criminal ejecutó cobardemente (como era usual en esa chusma) al joven político vasco. Ni olvido ni perdón.

30 de julio de 2009. Una bomba lapa colocada en los bajos de un viejo Nissan Patrol de la Guardia Civil estalla frente al Cuartel de Palmanova, Mallorca, después de haber circulado toda la mañana por distintas vías. Dos Guardias Civiles fallecen en el acto. Una vez mas ETA muestra su miseria moral y su poder criminal y asesino. Ni olvido ni perdón.


En ocasiones las tragedias y las catástrofes se producen por puro azar, por el infortunio o por causas naturales. Un accidente, aunque imprevisible, puede ser evitable si se adoptan medidas de prevención. Desgraciadamente de su causa se obtiene la información necesaria para evitar que se repitan.

Lo que no es admisible es el terrorismo en ninguna de sus formas, procedencias ni razones (si las hubiera). El terrorismo no es un accidente.

El verano nos invita a disfrutar, a relajarnos, a tratar de compartir buenos momentos con nuestras familias, amigos y compañeros, pero no podemos dejar de pensar en las víctimas inocentes que prematuramente fueron privados de ese disfrute. Por ellos.


Ni olvido ni perdón.



lunes, 26 de julio de 2021

El verano es....

...abrir los ojos bien tempranito y comprobar que la suave brisa de la madrugada mece las cortinas y que sin darte ni cuenta te has echado la sábana por encima a pesar de lo bochornosa que se presentaba la noche anterior...

...ver que sobre la fachada del edificio contiguo empieza a lucir el cielo un intenso color azul, por fin, y que ha desaparecido esa bruma gris -panza de burro- que asfixiaba hasta la mirada...

...la algarabía de los niños en la piscina, los chapuzones uno tras otro, los más pequeños aprendiendo a tirarse de cabeza, las mayores con sus chismes...

...la plácida somnolencia que se alcanza después de comer, saboreando el rastro que el café con hielo ha dejado en los labios, dejándose llevar...

...intentar leer unas páginas del libro que viaja en la mochila junto con el bañador y la toalla (Castellano, de Lorenzo Silva) antes de caer en la cuenta, sabia recomendación legendaria de mi padre: después de comer, ni una letra has de leer...

...poner en orden aleatorio la playlist y que te sorprenda una de Van Morrison después del rock brutal de Ian Dury y su Reasons To Be Cheerful, Parth 3 y que no hagas nada por volver a cobrar ni el ánimo ni el sentido...

... comprobar que los niños de la piscina han desaparecido, se han refugiado en el interior de la casa y han ido a cobrar su merienda; el batido y la coca de la abuela y que la superficie del agua ha recuperado su aspecto manso y la quietud...

...escuchar, sin atender apenas, cómo las tórtolas y otras aves  gorjean en las copas de los cipreses y que la sombra de estos ya cubre casi toda la zona de la piscina...

....darse cuenta de que alguien, a última hora de este domingo de julio, ha tomado la manguera de riego y va arrastrando un generoso chorro de agua fresca y jubilosa por las macetas y los parterres formando charcos a su alrededor y dejando un penetrante aroma de tierra y hierba mojadas...

...comprobar que se acerca la hora de volver a casa, sin prisa ni tensión, con el compromiso íntimo de apurar cada minuto de la tarde que rematará en alguna terraza rodeado del rítmico tintineo de copas y cubiertos y el murmullo de otras voces, de otros niños...

...apurar el último trago del rosado, pedir la cuenta de la cena, echar un vistazo al reloj, pensar en el toque de queda y no sentir la necesidad de adquirir más entorchados que los que ya se lograron años atrás.

Ya tenemos llena la vitrina y no caben más éxitos. El mayor, sin duda, comprobar orgulloso que la familia es una diapositiva más de una larga secuencia; que bien vale el momento -cada momento- y que ¿por qué no? que suenen otra vez Van Morrison o Ian Dury (mítico el solo de saxo a partir del minuto 2:38)

¿No es eso el verano?

lunes, 19 de julio de 2021

La buena vida

En circunstancias normales, a estas alturas de la semana, del mes, del año, podría haber pasado a formar parte de ese ingente grupo de ciudadanos plena y legalmente facultados para calzarse una gorra con visera, unas gafas de sol y entrelazarse los brazos por la espalda para empezar a pasear tranquilamente por la vida, inspeccionando obras de las vías públicas y opinando aquí y allá de lo que debería hacer cada uno con su propia existencia; jugar a entrenador de club de primera o calentarse un poquito más que otros en consideraciones políticas sobre al estilo de gobernar del baranda de turno.

Pero la vida me ha proporcionado la oportunidad de seguir marcando el paso (nunca más apropiado) y seguir disfrutando de mi trabajo; continuar empezando las semanas cada lunes un poquito antes de las seis de la mañana y trazar la jornada laboral como hasta ahora he venido haciendo desde hace más de cuarenta y tres años. Y no me pesa. Además de disfrutar del trabajo, con sus bocados variados; algunas veces agrios y amargos -las menos-, otras ácidos y más dulces y empalagosos, estoy encantado con el entorno que me rodea, en ocasiones exigente, pero en la certeza de saber que siempre hay a mano un botón del pánico para salir del atolladero.

Me preguntaba hace unos días un viejo conocido si no estoy ya cansado de levantarme tempranito todos los días de la semana para sentarme a primera hora en mi despacho y volver a encender el ordenador. De tener que leer las novedades para cada día y abrir los correos y resto de comunicaciones que marcan la agenda de cada nueva jornada. De abrir los boletines y tomar buena nota de lo que en ellos pueda publicarse y que alteren la rutina y la mecánica de lo que viene haciéndose de manera determinada. De cargar con dos teléfonos que pueden sonar, incluso simultáneamente, a cualquier hora.... 

No, no sólo no estoy cansado. Es que me lo paso hasta bien. 

Por contra he recibido el testimonio de algunos compañeros que me han precedido en ese tránsito de la situación de actividad a la de merecido descanso y hay opiniones para todos los gustos. Para algunos de ellos le faltan horas al día para disfrutar del ocio. Otros, por contra, dicen que ¿se aburren? 

No será el aburrimiento mi caso, creo, pero en cualquier caso tendré que esperar hasta más adelante para poder comprobarlo porque por el momento he decidido - plenamente convencido- seguir disfrutando con mi trabajo y de mi buena vida (laboral). 


lunes, 12 de julio de 2021

BABYBOOMER

Ahora, a todos los nombres, titulines y epítetos con los que  han adornado mi persona a lo largo de mi vida, en función de mis seres y de mis estares, parece que debo añadir uno que esta relacionado con mi fecha de nacimiento: soy un babyboomer.

Sí, nací en 1960 y pertenezco a esa generación para la que están diseñando un nuevo plan de pensiones. En el año en que yo nací apenas había televisión en los hogares (no se perdía el tiempo con ella) y la mayor parte de nuestros recuerdos están estampados en viejas fotos en blanco y negro o virados en sepia que en mi casa se guardaban en cajas de cartón de camisones, camisas y polos de caballero y ropa interior de niños y niñas de unas marcas comerciales que ya desaparecieron (Dux, Jayca, Princesa y Grumete -todo cuanto promete, lo da grumete, lo da grumete-). La solidez y la robustez y resistencia de aquellas cajas ha permitido que, de vez en cuando, aún podamos darnos un chapuzón en ellas y nos veamos, por ejemplo, en alguna de nuestras comuniones, o de vacaciones rurales o posando un Domingo de Ramos, requeteguapos y repeinados, lustrosos y felices, con palmas y palmitos brillantes que nos superaban muchos centímetros en altura. Esos días estrenábamos zapatos y calcetines, camisas y corbatas (El Dique Flotante) y mis hermanas lucían diademas a juego con las faldas. Es el retrato de una generación a la que un buen día sentaron y embutieron en el asiento trasero de un Seat 1430 azul turquesa recién estrenado para meterse en viajes estivales por aquellas carreteras descarnadas y sin arcén, durante más de diez horas para recorrer apenas cuatrocientos kilómetros: los que separaban Barcelona de Orihuela del Tremedal (Teruel). ¿Por interior o por la costa? Preguntaba mi padre antes de santiguarse al iniciar el viaje de madrugada, cuando empezaba a clarear el alba. La costa la dejábamos poco más allá de la imperial Tarraco antes de iniciar la incursión en la provincia de Teruel.

Para todos esos días de verano que conserva mi memoria hay un montón de carretes revelados en papeles Agfa o Kodak, en blanco y negro al principio y más tarde en color. Bueno, un color desleído, como el de las primeras películas coloreadas de Hollywood; unos tonos apastelados que traicionan a la realidad. Los colores de los verdes pastos junto al campamento de la OJE Montes Universales o los de los líquenes ancestrales que cubrían piedras enormes como islotes eran más intensos que los que se guardan en las cajas de cartón. De lo que no hay ni foto ni caja de cartón que lo guarde nos queda el recuerdo del aroma de las flores de manzanilla que recolectábamos mis hermanos y los niños Aceituno (Seat 600 D, verde oliva), y que nuestras madres recortaban de su tallo para las infusiones de todo el invierno siguiente. También de las plantas de lavanda y de los ramilletes de espliego que manufacturaban mientras hablaban de sus cosas, de sus niños, de las recetas de la Parabere o de las técnicas del planchado de cuellos y mangas. Aquellos lazos verdes se intercalaban entre los juegos de cama que se guardaban en los armarios roperos de casa para que cuando durmiéramos el resto del año nos invadiera la cama el aroma del verano.

No empezamos a ver la tele -en blanco y negro- hasta un poco más adelante y no vivíamos colgados del ocio organizado. Tal vez por eso aprendimos a ser más imaginativos y combatir el hastío de las horas puntas del día con juguetes que construíamos con nuestras propias manos y jamás llegamos a insinuar que nos aburríamos. El jarabe contra el aburrimiento estaba encima de una mesa en formato de cuaderno escolar junto a estuches de lápices y gomas de borrar.

De aquella imaginación y del tesón por no aburrirnos nació el espíritu emprendedor que junto con el esfuerzo real de cientos de miles de trabajadores por cuenta ajena (asalariados) se levantó un país que en unos pocos años nos jubilará. Aprendimos, a fuerza de pescozones, que la vida no la regalaban y que lo que se deseara  en cada momento había que ganárselo con esfuerzo y muchos sacrificios. Aprendimos a no sentirnos desgraciados, a jugar la partida con las cartas que te caían y a saber interpretar el "no" cuando era razonable y a luchar a brazo partido por el "sí" cuando dependía del tesón y el ánimo propio.

Y en cualquier caso, para los más pusilánimes:

Recortado del ABC un día de los 80 (recuadro diario) 


Nombres que remueven la memoria

La primera que yo recuerdo fue una pequeña y coqueta Iberia blanca. Sobre una de las encimeras de la cocina, resultaba muy atractivo para in...