lunes, 25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad, feliz vida.

Pasan los  años. El cabello -los que aún lo conservamos- se ha vuelto más blanco y la piel se ha ido arrugando, dejando evidencias de una más que notable pérdida de tersura. Los ojos mantienen su color y tal vez -según los casos- la firmeza de su mirada cuando decimos la verdad pero necesitan un auxilio para dar, a la función que tienen encomendada, un resultado satisfactorio. El corazón se endurece ¿cómo si no aguantaríamos los golpes que vamos recibiendo? No implica su dureza una ausencia de dolor. Duele aunque galope en ocasiones desbocado a golpe de esos palos. Y seguramente alguno de los otros órganos vitales que nos han permitido llegar hasta aquí ha empezado a dar pruebas de una ligera fatiga.

Y llegan estos días en los que,  sin querer, sin darte ni cuenta, miras a tu alrededor, hacia esa silla de la mesa y echas en falta a alguien que ya no está, aunque haga mucho tiempo que se fue y con el que querrías compartir de nuevo - solo un ratito, solo por hoy, venga, por favor- un menú más especial, una tertulia; recibir un consejo y una recomendación o algún reproche o un halago y echar con él otro traguito de ese buen vino o una copita de cava. Juegas inconscientemente con las migas que quedaron en el mantel, junto a las copas vacías y las botellas sin el último culín al tiempo que la mirada vacía abre discretamente la puerta del desván, donde reposan silenciosos tantos recuerdos buenos. La luz se va atenuando en una sobremesa a la que sorprendió una oscura media tarde y que acabó en noche. Y los más jóvenes, en sus propios tiempos y en sus vidas propias, levantaron el vuelo de la mesa, se dieron dos vueltas a la bufanda alrededor de sus cuellos y cerraron la puerta tras de sí. Su vida empieza ahora y todo son consejos y bienaventuranzas. Más sillas vacías y más ensimismamiento.

Los pequeños cachorros que nos levantaban a media tertulia de sus siestas y requerían la atención del cambio de pañal y del yogur de su merienda han crecido. Ya cazan solos, ya escuchan su propia lista de éxitos, disponen de su canal de comunicación social sobre el que teclean compulsivos y en el que ya casi no estamos ni apenas se nos espera más allá de una hora o una cita porque hay que recogerlos cuando falla el bus o se hace tarde.

Y en esa agridulce sensación de esta media tarde, pasados los momentos de las risas y de las ocurrencias cómicas de un hermano o de un cuñado, nos ausentamos con el brillo del cristal y el móvil no deja de parpadear con imágenes de mesas ajenas y miradas lejanas de aquellos amigos que quedaron atrás con sus historias, con sus vidas en las que ya no estamos, o de otros que quedan en la reserva hasta el año que viene por estas mismas fechas y que quisieras tener más cerca de vez en cuando, en la misma mesa. Otros ya ni figuran en tu agenda... y amores.....Ay! con cuántos de ellos te habrías hecho mil selfies  y sin embargo ya no alcanza tu tiempo ni para averiguar ni dónde, ni con quién, ni cómo estará, aunque les sigas queriendo y apreciando como probablemente ellos a ti. Tu felicidad está alrededor de esta mesa y cruzas una mirada de reconocimiento de que todo está bien, de que eres feliz, de que eres un afortunado, de que cada día de tu vida te está tocando la lotería, aunque haya pasado ya más de media vida y de que tu pelo se va aclarando, se va volviendo blanco, tu piel se va arrugando y para atender el puñetero teléfono tienes que volver a calzarte esas gafas verdes que te compraste en el Tiger.

Feliz Navidad, feliz vida.

lunes, 18 de diciembre de 2017

El odio habita entre nosostros

En esas casas, en esos hogares, no habrá villancicos, ni turrones, ni cotillón y muy probablemente ni la ilusión propia de la noche más especial del año para los niños, la noche de Reyes. En las familias de los guardias civiles y del ciudadano asesinados por el criminal serbio el pasado jueves no queda ni un minúsculo espacio para la normalidad. Ya nada será como antes. Tampoco en la familia de otro ciudadano que fue atacado violenta y cobardemente por la espalda por lucir, en unos sencillos tirantes, el orgullo de sentirse español. Simplemente por eso.

El mal -diabólico en ocasiones- habita entre nosotros. Hay mentes mezquinas, marcadas por ocultas frustraciones, por hábitos nefastos, por soledades envenenadas, por un odio irracional que les lleva, por inextricables caminos, a despreciar la vida ajena. Es un salvajismo no equiparable con ninguna conducta en el resto de seres vivos con los que compartimos este mundo. No puedo entender qué macabro mecanismo se dispara para llevar a cabo crímenes como estos.

Y si esto no fuera suficiente, me pregunto de dónde y cómo se llega a generar tanto odio como para que, producido el crimen, y como una macabra secuela, fluya una nauseabunda corriente de mensajes y comentarios que celebran y aplauden los hechos. Lo hemos visto en anteriores ocasiones y en algunos casos han venido las lamentaciones y el aislamiento social del autor/autora. Y cierto arrepentimiento. Pero nadie escarmienta en carne ajena y sigue existiendo una larga lista de malnacidos que se crecen ante la desgracia ajena y llevados por ese odio irracional expresan su alegría. Me da igual que lo hagan festejándolo como simplemente no condenándolo. Me importa un bledo que aplaudan o que callen. Son la misma clase de excreción fecal. Seres despreciables por los que no siento más que tristeza y vegüenza.

Es cierto que no debemos dejarnos llevar por la impresión que nos produce el aspecto físico de una persona cuando, deliberadamente y a través de perforaciones, dilataciones, mutilaciones y desaliños intencionados proyectan sobre su persona la máscara con la que desean que se les identifique. Forma parte de su provocación, he de suponer. Muchas veces debe ser producto de una rebeldía pero la mayoría de las veces se corresponde con una deficitaria prestación en la atención, formación y educación necesaria para crecer en la rectitud moral y social adecuadas. En una palabra y con un objetivo: la convivencia.

¿Cómo si no se entiende tanto y tan perverso odio? Cómo y en qué cabeza cabe que un tipo con ese aspecto, que ya fue capaz de segar de cuajo la normalidad funcional de otra persona y la naturalidad de su vida y la de sus familiares, haya sido aplaudido, ensalzado, comprendido y premiado por quienes por su cargo y responsabilidad deberían mostrarse muchos más prudentes a la hora de valorar determinadas actitudes delictivas. Pero el panorama político que tenemos es que el que hay y desgraciadamente no podemos esperar otra cosa. Es muy decepcionante esa hipocresía y la existencia de distintas varas de medir según quién sea el actor y su crítico. Son cómplices en el odio.

A veces, muchas veces, casi cada día, siento vergüenza por pertenecer a la raza humana.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Wonder

Se acercaba el día de cumpleaños de mi hija menor, Ana, y unos días antes le pregunté lo que deseaba como regalo por su decimotercer aniversario y el tipo de celebración que más le apetecía. La respuesta fue muy apropiada para su edad. Unas Converse All Star y una tarde de cine con compañeras de clase y, de todas las películas de la cartelera, la preferida era Wonder . De hecho ya se sabía de memoria los diálogos del trailer publicitario. 

La edad de los trece años puede suponer una fina línea fronteriza entre la infancia que va quedando atrás, con sus peluches, juguetes y llantinas desconsoladas, con sus fiebres intempestivas y los virus que todo lo justifican y que nos transformaron  en padres histéricos que colapsábamos los servicios de urgencias de las clínicas pediátricas y una pre-adolescencia -o adolescencia, directamente- que empieza a alterar los rasgos físicos y los gestos. Esa edad en la que un juguete nunca sobra pero suele estar de más. 


Las Converse Chuck Taylor All Star color beige fueron complementadas con un capricho personal; una bonita sudadera con cremallera, color azul, también de Converse -cultura americana, qué le vamos a hacer- .  La sesión de cine con sus cuatro compañeras de clase se convirtió en una terapia de grupo, la fría tarde del sábado: chuches, palomitas y kleenex, muchos kleenex. La película, al final, también forma parte del regalo. Me explico.

No puedo negar que el tema, la fecha y la participación estelar de Julia Roberts en el reparto están orientados a garantizar el  éxito de taquilla rentabilizando, como gancho eficiente, la sensibilidad del espectador. Lo admito y punto. Ahora bien, fuera de ese contexto y alejándonos de las bolas rojas y del deslumbramiento que ocasionan las luces navideñas, el argumento puede resultar un interesante experimento de crecimiento personal. Un niño, Auggie, de diez años y con un rostro reconstruido quirúrgicamente al haber nacido con unas tremendas deformidades y ausencias faciales, se incorpora, tardíamente, a un centro escolar. El menor ha sobrellevado la situación gracias al exceso sobreprotector de una angustiadísima mamá y el casco de astronauta que deberá abandonar al cruzar el umbral que separa su mundo interior sin escaparates y el cruel entorno que le espera en el colegio  en que debe empezar a convivir con esos seres extraños de su misma edad y aparentemente perfectos que, seguro, van a rechazar su aspecto y sus cicatrices sin máscara. 

Cada centímetro de su piel, rasgada por las aparatosas huellas de la milagrosa cirugía reparadora, es un centímetro que le permitirá  avanzar en su crecimiento. Todos los seres humanos tenemos nuestras propias cicatrices y las ocultamos o las disimulamos, tapádonos la boca cuando sonreimos, o colocándonos el flequillo adecuadamente, escondiendo el pulgar que nos pilló una puerta del coche hace treinta años, etc.. Tapamos nuestras cicatrices y las hacemos invisibles a los demás. Auggie no puede ya ocultar su cara porque el casco de astronauta se quedó en casa y por mucho que demuestre su auténtico valor no facial, sus compañeros de clase, en la sensiblera intención del guionista siguen rechazándolo como si fuera un apestado.

Al final hay que aprender a vivir con nuestras cicatrices, con nuestros defectos y solamente asumiéndolos y destapándolos, empezamos a crecer en nosotros mismos primero y frente a los demás después, a pesar de que no estemos muy conformes con ese rasgo, con esa cicatriz o con esa mancha. 


El esfuerzo y ánimo de superación tienen al final su recompensa.


Por cierto, sospecharía de quien fuera capaz de ver la peli y no echar mano de un kleenex, aunque sea prestado.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Saluda el invierno

El invierno se ha llevado la mano derecha al ala de su sombrero y con una sutil y caballerosa expresión nos ha dicho que ya estaba aquí, que ya había llegado. La caldera ha  empezado a engullir litros y litros de gas licuado, acelerando como un deportivo gastón en una autopista sin límite de velocidad. Ya nos llegará el recibo y ya lo pagaremos. No estamos acostumbrados, por estas latitudes, a ver cómo el termómetro baja de los cinco grados, pero cuando lo hace y especialmente si el ambiente es tan húmedo como el de estos últimos días,  el frío se hace mucho más severo. Será otro síntoma indefectible de mi mayoría de edad pero lo cierto es que tolero cada vez peor las bajas temperaturas y ya estoy deseando que regrese el verano de San Miguel, o el de San Martín, o el de San Bernardo, o todos juntos; eso, que vengan todos que esto no se puede soportar. Quisiera volver a abandonarme frente a la orilla y dejar mecer mis pensamientos por el suave oleaje de un sábado de otoño, pero me temo que no va a ser posible, no por el momento.

Las principales calles del centro se visten con  guirnaldas y adornos navideños ya iluminados y el Herrera comienza sus programas con su sintonía del trote de  renos con cascabeles y empieza a brotar violentamente desde mi interior el  Grinch que habita en mí; mi otro yo de estas fechas que se pone furioso y ve invadido su espacio por megaofertas de juguetes, copiosas comidas y banquetes navideños, menús y fiestas de fin de año, farra latina y regetón, sorteos y todo ello en modo villancico. Brr......

Me dices, querida y Lola, que se llena todo de bolas rojas odiosas y de comida a rebosar como si no comiéramos el resto del año, - qué horror, qué hacemos? añades- y yo te digo lo de siempre, lo de todos los años, que no queda otra que tratar de pasar el trámite; que antes, cuando éramos muy jóvenes nos pasaban estas fechas muy fugazmente, de juerga permanente,  pero es que ahora nos sienta mal la fiesta, que la ingesta abusiva y compulsiva de copas nos agita el sueño, acelera nuestro ritmo cardíaco y al día siguiente nos cuesta mantener una actitud positiva y coherente. Eso que ni fumo, ni cazo, ni sonrío a las chicas guapas, porque tal y como están las cosas,  alguna podría denunciarme aduciendo que en el fondo de mi atención hacia ella, albergo una oscura pretensión y por tanto un abuso. Así estamos.  Me asustan las comidas y las cenas de compañeros/as de trabajo, del club de tenis, de los padres del cole, de la partida de golf, del club de vela, de la pandilla de cañas de los viernes por la tarde, no sea que, embebido (y bebido de más) por el ambiente navideño de buenrollismo insensato alguien confunda los términos y acabe sobrepasando ciertos límites y ciertas distancias y acabe como el tipo ese del viral, salido de sí mismo, trastabillándose entre la moqueta y las columnas y tropezándose torpemente con los ceniceros y las macetas, berreando las únicas palabras que se sabe de la canción que está sonando. Solo él, con su copa en la mano, más perdido que un puigdecol de Bruselas (Ay! había dicho que no volvería a mencionarlo).

Comienza mi cruzada visual contra los papa noeles que cuelgan de balcones y ventanas, cada vez mayores, cada vez más grotescos, cada vez mas ridículos e insufribles y espero, aunque no tengo mucha fe, que no se impongan las modas del led multicolor ilminando fachadas a todo trapo...

En fín, ya sabes, una delicia de fiestas....el mejor día de Navidad: el 7 de enero.

Que lo disfrutes, si puedes, si quieres.

Cúber . Mallorca, diciembre 2017



lunes, 27 de noviembre de 2017

Coles de bruselas

Es inagotable la capacidad que tiene el fugitivo para hacer tonterías y quedar ridículamente expuesto a la prensa internacional, para vergüenza de los españoles sensatos. Sin el menor de los recatos exhibe impúdicamente sus miserias y odios en su permanente pirueta para esquivar a la justicia española (por esto y por otros motivos -nuestra justicia local-  un día de estos voy a empezar  a valorar si esta palabra, debo seguir escribiéndola con mayúscula o me dejo ya arrastrar de una vez por todas por el criterio de  Pérez-Reverte: "A poco que vivas, la vida les quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella: Honor, Patria, Bandera..." Falcó. Editorial Alfaguara.

Amén de la gloria de nuestra vieja historia por aquellas lejanas tierras de los Tercios de Flandes y de las aventuras del Capitán Alatriste, poca épica hemos compartido con los belgas recientemente y eso a pesar de ser Bruselas la sede administrativa de la Unión Europea y una de sus sedes parlamentarias. En los últimos años pocas buenas noticias nos han llegado de allí y más concretamente y por desgracia en el ámbito del terrorismo jihadista no merece comentario alguno después de los ocurrido con los terribles atentados de Paris del año 2015.

¿Cosas buenas de los belgas? pues Tintín y los bombones. Para algunos también la cerveza y .....poco más.

Por contra y aunque sea por el motivo que sea,  la asociación del nombre de Bruselas a un producto estrella, las coles,  no evoca muy buenos olores y ahí lo voy a dejar, que luego Jaime B. me regaña.

Total que Puigdecol la sigue liando y sigue resucitando fantasmas del pasado y a un personaje que solo vive en la memoria de quienes como él, para más gloria de su odio y sus mentiras, denotan una clamorosa ausencia de mejores y más contemporáneos argumentos. 

Se va acercando el momento en que los llamados a votar el 21D ejerzan su derecho y a pesar de que todavía no ha empezado la campaña electoral ya estoy saturado. Si de por sí, en circunstancias ordinarias, ya son suficientemente cansinas las caravanas electorales, no sé si seremos capaces de soportar esta excitante quincena. Habrá que estar preparado para escuchar muchas lindezas y ante ese panorama tal vez lo mejor sea refugiarse en una buena novela, evitar los informativos, apartarse del wpp y no leer nada que pueda contener referencia al asunto.

Yo, por mi parte, me comprometo a no volver a escribir ni una sola nota del evento. 

Que sea lo que Dios quiera. 


lunes, 20 de noviembre de 2017

El trampantojo

Lejana mirada de un niño de la  Barcelona de finales de los sesenta. La nariz empañando, con el vaho de su respiración, el vidrio de la puerta trasera del vetusto Seat 1500, caminito de Gavá. A la izquierda de la antigua carretera, escoltada por exuberantes álamos y en un terreno ligeramente hundido sobre el plano de esta, sumido en el silencio y la quietud, un polvoriento poblado del Oeste americano; Esplugas City, el escenario donde se grababan los exteriores de los espagueti western de aquella época de despegue y desarrollo. El niño recrea en su mente las películas de aquel género, desenfundando y disparando sin piedad su colt de cachas nacaradas, sin más munición que seis petardos de la inocente polvorina de los cartuchos que se vendían en bolsas de papel. Uno de "Los dos mosqueteros del Oeste", Kid Curry y Hannibal Hayes pero de otra latitud, no holliwoodiense; más de estar por casa, en zapatillas de paño -suela Pirelli- y un ancho tejano -Lois-ligeramente acampanado. 

El complejo de madera estaba compuesto por algunos edificios completos, casi reales, pero la mayoría se sujetaban milagrosamente sobre unas escuadras metálicas y eran simples fachadas planas, sin más volumen que la anchura de los tablones: un trampantojo que solo servía para representar historias de buenos y malos, de forajidos que huían con el botín del banco y rara vez con la rubia del salón.

En esa edad de la inocencia jugábamos unos días a ser forajidos "buenos" mientras que otras tardes había riña por ser o el "sheriff" o el apuesto Teniente que llegaba con el Séptimo de Caballería y ese día, sí, él era quien se llevaba a la rubia después de besarla en medio de la calle, con fruición, mientras se sobreponía sobre la pareja y en trazos adecuados el plano con la imagen del famoso "The end".

El género del western nunca se fue del todo de nuestras vidas. Va y viene y cuando regresa, lo hace a lo grande. El año pasado disfruté con  Los odiosos ocho, de Quentin Tarantino. Un peliculón salvaje y sangriento, de violencia explícita e inmisericorde con el espectador que deja las peliculas de Sam Peckinpah a la altura de un episodio de los teletubbies.

En Ib3, canal autonómico balear, a la hora en que la 2 invita al bostezo con sus leones del Serengueti, peligrosos forajidos, indios y vaqueros se miden en los desfiladeros del Gran Cañón del Colorado para delicia de los amantes del western. Mi admirado amigo Jaime B. es un apasionado de este cine y me lo imagino en el papel de  Juez del Condado impartiendo justicia y mandando al patíbulo a los malhechores.

Nuestros forajidos de moda, fugitivos de la justicia, que se mofan de los españoles y siguen una estricta dieta de coles de Bruselas y bombones de Godiva han resucitado el trampantojo, la farsa. Bajo su aparentemente sólida arcadia republicana, a la que han arrastrado a algunos brillantes, educados e intelecualtemente bien dotados ciudadanos (entre estos, algunos estimados amigos personales), a unos cuantos ingenuos y a muchos fanáticos y que ha resultado ser mera fachada; tablones de madera y cola de carpintero; no había ni estructura ni capacidad de crear un Estado propio. Vamos ni ellos mismos se lo creían. Y en cuanto la carretera de Esplugas es ya una rápida y segura autopista y el poblado del western ha desaparecido porque un estado sólido y una sociedad madura, con su recia Constitución y con su soberanía depositada con transparencia y legitimidad en sus Instituciones, ha restablecido el orden, la arcadia se ha diluido como un terrón de azúcar en el café matarratas caliente del viejo saloon. 

La rubia se fue con los buenos y la cárcel de verdad, no la jailhouse del decorado, mantiene sus puertas abiertas para que el Juez del Condado comience a firmar sus autos de prisión.

La ingesta abusiva de coles de Bruselas puede provocar molestas e incómodas flatulencias que no solo perjudican a quien las come, sino más, si cabe, a quienes tiene a su alrededor. Yo soy más de los Godiva pero con moderación que son muy caros y no están las cosas para derroches. 

Puigdecol de Bruselas, contrólese esa dieta.

The End.




  

lunes, 13 de noviembre de 2017

El ejemplo del buen deportista

A las más jóvenes generaciones de españoles convendría informarles, al tiempo que se van sucediendo los éxitos de nuestros deportistas, que no siempre fue como está siendo en la actualidad. 

Llevo siguiendo las carreras de motos desde los tiempos en que Televisión Española las retransmitía, los domingos por las mañanas y en blanco y negro, después de la Santa Misa. Al principio y en las de pequeña cilindrada, Ángel Nieto hacía doblete. Se bajaba de la Derbi de 50 centímetros cúbicos y sin tiempo para pasar por el baño se subía a la de 125 y también la ganaba.

Pasaban los años y, ya en color, fueron apareciendo nuevos pilotos, Ricardo Tormo, Jorge Martínez, "Aspar", "Champi" Herreros, Herri Torrontegui, Carlos Cardús, Sito Pons, Alex Crivillé, Sete Gibernau,etc...

En la actualidad parece que nos hemos acostumbrado a tener uno o hasta tres campeones mundiales cada año y parece que el año en que no se consigue ninguno, se respira un cierto aire de fracaso. Los españoles somo así y parece que no somos capaces de reconocer al deportista en cuestión el mérito personal de su gesta.

Igual ocurre en el motociclismo, que en la natación, en el tenis, en el atletismo y en algún otro deporte individual.

Ayer finalizó el Campeonato Mundial de motociclismo con dos títulos de tres. Especialmente meritorio el cuarto mundial GP de Marc Márquez, (no dejó el manillar de su moto cuando estaba ya en el suelo después de una caída) pero espectacular por la forma en que ayer se recuperaba de un incidente en carrera, el de  Moto 3 del mallorquín Joan Mir. He seguido casi todo el campeonato de esta categoría de este año y su trayectoria desde las primeras carreras y he ido envenenando con mi pasión a la menor de mis hijas porque considero que el ejemplo de quien se empeña en alcanzar objetivos de manera inteligente y constante tiene que utilizarse como un aliciente y estímulo para cualquier objetivo que se marque en la vida y en cualquier ámbito, no solo en el deporte.

He esperado que acabara la carrera y he querido escuchar sus primeras declaraciones, llenas de respeto y humildad, repleta de los mejores valores de un deportista y muy sorprendentes en un tipo de su edad. Hemos conseguido crear en casa el club de fans de Joan Mir y ya estamos deseando que empiece a rugir su  moto para el campeonato del año que viene en nueva categoría. Su vida esta llena de retos y lo seguiremos desde nuestro salón, cada domingo, cada carrera. 

El reto continúa.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Piolines y el fugitivo

Podría llamarse Jaime, Carlos, Manuel, Pepe, María, Natalia, Carmen, Pilar...

A él, en concreto me lo he encontrado esta pasada semana en uno de los pasillos de la Comandancia. Después de más de cuarenta días sin uno solo de descanso, le han permitido  cruzar el charco -en barco, manda narices- para regresar casa y pasar un pequeño permiso con su mujer y con sus hijas. Nada; cuatro días para tratar de recuperar espacios y tiempos perdidos. Lo manda el deber...y obedecen.

La vida en el piolín no parece muy confortable. Estamos hartos de ver imágenes sobrecogedoras de caos y desorden, de escasez de espacio y de intimidad, de la evidencia del descuido en las comidas y en las malas condiciones de vida a bordo. Pero no todos se quejan. Hay varios piolines en los distintos puertos de Cataluña y el guardia del que hablo comparte con un compañero un camarote para cuatro personas. Y no se queja. Desde el barco hasta el exterior del puerto tienen que recorrer casi cinco kilómetros caminando; entre una hora y hora y media. Y no se queja. Un paseo que le lleva, de paisano, a poder confundirse con el resto de los ciudadanos y poder desayunar, por ejemplo,  unos churros junto a la playa o tomarse unas mirindas y mandar unas pocas fotos por wpp a su mujer y a las niñas. Y no se queja.

Me resulta muy familiar la entereza y naturalidad con la que habla del servicio que han encomendado a su unidad. Todos los días la misma rutina y a horas intempestivas. No hay mucho tiempo para pensar y tal vez eso sea lo mejor. Este hábito sí hace al monje y el sacrificio pesa menos cuando se viste con su uniforme. Y no se queja. Todo lo contrario, se siente orgulloso. Miro a su mujer, también del Cuerpo que baja la mirada y sonríe, cómplice en el sacrificio. Se retira pacientemente y con mucho respeto uno o dos metros mientras hablamos, mientras le pregunto por él, por sus compañeros, por la vida, por el servicio, por el recibimiento, por el entorno, por nuestro barça .... Él contesta con serenidad asumiendo el deber encomendado mientras ella, con resignación, sigue sonriendo y me mira de reojo, de aquella manera, sí, cómplice en el sacrificio. Finalmente les pregunto qué es lo que hacen a esas horas y en esas circunstancias, con este sol Mediterráneo que se resiste a abandonarnos, en la Comandancia. Le sugiero que aprovechen esas horas, que peguen un salto a una recóndita cala a comerse a besos y restañarse las heridas de la ausencia y al final se lo reconozco a ella; la épica se quedó en casa, la auténtica heroína es la madre que se queda guardando el nido. Así es, así lo veo yo. ¿A qué te suena?

En breve habrá pasado el tiempo de descanso. La lluvia, la oscuridad de las tardes, la soledad del camarote volverán a marcar el ritmo de la rutina del servicio. No bajes la guardia, no te relajes. Quisiera equivocarme pero creo que vendrán momentos duros y difíciles y, como decimos por aquí, hay que estar bien alerta.

Y mientras unos luchan contra el desánimo y la separación, a muchos kilómetros de distancia, quien irresponsablemente se ha encargado de tensar la cuerda hasta romper las últimas fibras de la coherencia goza de los deshonrosos privilegios del fugitivo de la ley, haciéndose rodear de palmeros a sueldo, publico fácil y desinformado que canta las excelencias de su falso valor.  

Los fugitivos de la justicia española, que con tanto desdén la menosprecian por considerarla exenta de garantías, se aprovechan de los resquicios que permiten esas mismas garantías para seguir burlándose del resto de los españoles que, en su mayoría, respetamos y hacemos guardar la LEY porque en ello juramos nuestro empeño hace ya casi cuarenta años.

Seguirá paseando por Bruselas, con las manos dentro del gabán –como Pedro Navaja- con ese aire de viejo actor de reparto disfrazado de Harry Potter, comiendo bombones belgas, escupiendo sandeces y mofándose de quienes, salvo que vivan de rentas o de sus ahorros, seguimos pagando sus payasadas (y que me perdonen los payasos). Puestos a pagar hoteles y restaurantes, se me ocurre otro tipo de alojamiento más cercano y otro rancho, sin bombones de Godiva.




lunes, 30 de octubre de 2017

Por si no se habían enterado.

Desde el máximo respeto hacia personas por las que siento un especial afecto pero con las que existen profundas discrepancias en asuntos de rabiosa actualidad.

Me levanté muy tempranito el domingo y me enfrentaba ya a primera hora a un programa informático -una plataforma educativa-  por la que mi hija menor navegaba y repasaba sus ejercicios de matemáticas. Bien; vamos entrando en materia y hemos abandonado la ancha carretera llana y sin inclinación y empezamos a encontrarnos las primeras rampas y alguna que otra curva de la E.S.O.

Había superado la hiriente punzada del cambio de horario de la madrugada anterior y después de dos noches seguidas de francachela mi cabeza parecía, insinuante, querer arrastrarme, de regreso, hasta el gentil edredón. Venciendo la tentación, asumo mi deber como padre y tomo asiento junto a mi hija y me dispongo a echarle mi ánimo y mi auxilio. Ni soy experto en mates ni estoy especialmente dotado para ellas pero internet proporciona el recurso necesario para salir del paso a quienes, bajo la excusa de ser de letras, exhibimos una especial alergia a los problemas, las fórmulas y las ecuaciones de segundo grado. Qué pereza.

Vuelan los minutos y cerca del mediodía recuerdo la convocatoria de manifestación de Barcelona. Enciendo la televisión en el preciso instante en que aparece Paco Frutos, antiguo dirigente del Partido Comunista de España. Lo escucho muy atentamente y sin poder salir de mi asombro y perplejidad he de pellizcarme repetidamente para dar crédito a lo que estoy escuchando. Contundente, honesto y conciliador. Intentando contener su vehemencia, alterna el catalán y el castellano y deja muy claro su pronunciamiento a favor de una Cataluña española y una España con Cataluña. Cita a Salvador Espriu y lo reivindica, en su poesía, para el gozo de todos los catalanes y resto de españoles -nada de exclusividades de cuatro indocumentados que parecen haberse querido adueñar del legado de muchas de las insignes figuras de la cultura catalana de todos los tiempos y de la totalidad de sus tradiciones culturales. Y recita también  a Machado y lo hermana con la hermosa tierra catalana y con sus gentes. Y sigue: "Soy un botifler. Soy un traidor contra el racismo que estáis creando, el racismo identitario. Soy un botifler contra el dogmatismo sectario que preconizáis e intentáis aplicar a toda la sociedad". Y otra cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Que a estas de altura hayamos recuperado como cántico popular el himno de los bebedores de sangría peleona de aquella tropa de veraneantes mediterráneos de los setenta....gracias Manolo Escobar, pero creo que merecemos una urgente actualización musical y una letra para nuestro himno como Dios manda!

Toma la palabra, a continuación, Josep Borrell, también desde la serenidad y la razón. Impecable y sobrio en su exposición, aún le quedaba suficiente seny  como para acallar las voces de los asistentes que exigían, con los eslóganes de rigor, prisión a los miembros del Govern. No os pongáis a su nivel, reprochó.Y pidió respeto y calma, pero también que no tomen a los catalanes como imbéciles.

El reto está ahí: las urnas. Voleu votar? doncs, voteu! Pero con todas las garantías constitucionales y democráticas de verdad. El 21 de diciembre Cataluña y España se juegan su provenir. Pongámonos ya a trabajar unos y a estudiar los más jóvenes. Recuperemos entre todos el espíritu de convivencia y el músculo económico. Hagamos posible la recuperación de la ilusión de millones, sí millones, de catalanes que habían perdido la fe en este territorio. Sigamos disfrutando de Cataluña y los catalanes del resto de España. Recuperemos las inversiones y la productividad y olvidémonos de rancias y estériles ensoñaciones, que me temo solo sirven para justificar, mediante la manipulación y adoctrinamiento, oscuros intereses. Que vuelvan a los mercados nacionales el fuet, el pa amb tumaca, el cava, la alegría y el trabajo. Cataluña es bonita, muy bonita y merece la pena conocerla y vivirla intensamente. Ahora hay que aprovechar el momento. Y la Justicia que haga su trabajo. Se ha hecho mucho ruido y más daño y alguien tendrá que repararlo.

Al final de sus palabras me emocionó el respeto de Borrell por las banderas de España y Cataluña juntas, entrelazadas y ondeando paralelamente. La senyera se ha ganado el respeto de muchos españoles gracias, paradójicamente,  a quienes con su estelada quisieron usurpar la identidad de una buena parte de catalanes que quieren sentirse, además, españoles.

Y sonó el himno de España y, lo reconozco, casi llegué a emocionarme. Lo nunca visto. 

Y otra cosita. Pongamos letra a nuestro himno. Ya.

Por si alguien no se había enterado, la manifestación de ayer en Barcelona, como la del 8 de octubre deja a las claras que una inmensa mayoría de catalanes quieren seguir siendo, además, españoles.

lunes, 23 de octubre de 2017

Ya te estoy extrañando

Ya ves, apenas han transcurrido unos pocos meses desde que anduve por tus tierras y por tus mares, por tus caminos y por tus cocinas y ya te echo de menos. Ha bastado que unas cuantas manos criminales hirieran tu piel y tus huesos para que mi mirada volviera a volcarse sobre tu mapa y creo que debo verte...tenemos que hablar.

He cerrado mis ojos y me he vuelto a encontrar en un tupido bosque de castaños o de eucaliptos (esto es lo que hay) y me he sentido arrullado por la brisa que, ululando, juguetea entre ellos y me ha acariciado el vaivén de los frondosos matorrales de helechos que los rodean y que llegan hasta la playa para que los bañe el Atlántico.

He vuelto a soñar con esos atardeceres dorados envueltos en aroma de camelias y me he dejado llevar entre las viñas del Salnés y, siguiendo la ruta de la piedra y el agua, he llegado hasta el Monasterio de Armenteira. 

Me he asomado con vértigo a tus acantilados y, siguiendo con la mirada el frondoso manto verde que casi se sumerje en el agua, se me ha cortado la respiración al mirar hacia las olas que rompen violentamente allá abajo y que junto con el viento, llevan miles de años esculpiendo tu perfil.

He sentido la necesidad de volver a cualquiera de tus carreteras comarcales, estrechas, perfiladas en sus cunetas por hermosas hortensias y toparme de frente con la rústica estampa de un paisano que guía su buey a los pastos, con las botas de agua y la boina calada, con un cigarro entre sus labios. Advierto la tristeza en su mirada y un brillo en los ojos por ver la tierra quemada y el bosque abrasado por una mano asesina. 

Quisiera creer, aunque me cuesta, que las lágrimas de quienes han perdido todo fueran capaces de remover la conciencia de los autores intelectuales y materiales de este crimen, pero desisto enseguida; no puede haber un ser humano con conciencia que pueda cometer esta barbaridad y además sentirse orgulloso por su hazaña cobarde.

No puedo entender qué sentido encuentran al ensañarse contra este gran bosque verde que tan generosamente nos proporciona a muchos y a los más lejanos pueblos, muchos más que los que caben en su propia tierra, la calidad del aire que respiramos y de la vida con que nos alimentan esos bosques, sus pastos, sus mares...

Desde hace un tiempo existe una importante campaña de promoción turística de Galicia. Sé que las actuales condiciones  de explotación hotelera y, en parte, sus particulares características climatológicas alejan el riesgo de convertirse en un destino de  turismo de masas. En este sentido me siento tranquilo, aunque eso pueda repercutir negativamente en su despegue económico, porque por nada del mundo quisiera que ese consumo masivo de sus recursos naturales que son sencillamente espectaculares, puedan provocar el deterioro de su propia esencia. Y no lo digo solamente por su gastronomía, que también, sino por sus litorales casi vírgenes de explotaciones turísticas indeseables, por sus bosques silenciosos y mágicos, por sus abruptos acantilados  y por sus gentes sencillas, amables, generosas.

Galicia, amémonos....tenemos que vernos, tenemos que hablar.

lunes, 16 de octubre de 2017

El ultimo minuto de un héroe.

Con todos mis respetos.

Empiezo a escribir estas líneas el mismo jueves 12 de octubre. Tengo una extraña sensación, una mezcla de emociones; por un lado el orgullo de pertenecer a las Fuerzas Armadas y de poder servir a mi Patria y por otro  la pena de comprobar que a veces, por ignorancia de unos o por odio irracional de otros no se valora adecuadamente el compromiso que los profesionales de la milicia tenemos con la sociedad a la que pertenecemos, con toda la sociedad.  Después de celebrar, en la tarde del día 11 de octubre, la Patrona de la Guardia Civil con mis compañeros, familia y un montón de amigos y de presenciar el 12,  por televisión y desde el sofá,  el Desfile de la Hispanidad, (normalmente me lo pierdo por coincidir con los actos de la Comandancia de Palma) escucho la terrible noticia del accidente que le ha costado la vida al Capitán del Ejército del Aire, D. Borja Aybar García. Desde ese momento y en los días sucesivos no he deseado leer ninguna crónica, ningún merecido panegírico que pueda haberse publicado sobre el siniestro ni sobre la heroica decisión del piloto. Sí, por contra y porque no puedo aislarme, una interminable corriente de tuits y guasaps y eso es lo que me ha llevado a la pena y a la tristeza, mucho más, si cabe que el propio fatal desenlace.

Tal vez la historia podría traicionarme, aunque no lo creo. La historia debe juzgarnos -simultáneamente- según vivimos, según hablamos, según actuamos. Los revisionismos no suelen ser justos y por tanto ya no podemos hablar de juzgar sino de sentenciar. Y no es justo, claro. Odiosa postverdad.

Tras esta revuelta lingüística paso a exponer.

El último minuto del Capitán Aybar. Estábamos escuchando -todavía resonaba en la mente de las gentes buenas- La muerte no es el final- cuando el Capitán Aybar iniciaba su fugaz y supersónica participación en el desfile del Día de la Hispanidad junto con sus compañeros, desde el cielo azul y sobre la Castellana de Madrid. Unos segundos antes, la voz del Arzobispo Castrense (supongo) pronunciaba las bellas palabras de ensalmo religioso que sirven de homenaje a los caídos por la Patria, en el cumplimiento de su deber. Los militares conocemos perfectamente el ritual. Escuchamos firmes, tiesos, marciales, esa alocución y cada cual en su interior se traga su dolor y sus penas y se sobrecoge y contiene como puede sus emociones que afloran con los primeros sonidos de las campanas tubulares, luego los tambores y finalmente la corneta que indica el momento en el que las manos derechas suben enérgicamente hasta el botón de nuestras gorras. Unos recuerdan a su padre, otros al hermano o al compañero que ya se fue. Unos cayeron en heroica despedida, otros después de haber rendido el último servicio, otros por haberles sido arrancada la vida de forma violenta y maligna por la execrable lacra del terrorismo. Y llora en la intimidad de su baldosa, de su puesto en formación. Yo, hablemos de mí, particularmente llevo ya cuarenta años de mili y cada vez que llega el momento del Toque de Oración, y el relator inicia el doloroso y bello soneto del homenaje a los caídos, no logro disimular mi rubor. Se me eriza la piel y se humedecen mis ojos: Lo demandó el honor y obedecieron......*

El capitán Aybar regresaba a su Base. Misión cumplida. Ha salido perfecto y se siente orgulloso y honrado por haber podido tomar parte del desfile. Le esperan su mujer y su hijo en Los Llanos. En tierra, con todo recogido y sin el mono de vuelo tocará celebrar el éxito con los compañeros y los familiares. Un giro inesperado, una turbulencia, un fallo del motor....por la cabeza del joven oficial se precipitan millones de imágenes, de deseos, de necesidades, de soluciones. El avión entra en pérdida y se precipita velozmente hacía el suelo. Sabe que sin control, eyectándose desde la cabina, el avión puede caer sobre viviendas próximas a la Base. Si por el contrario, se queda en su cabina podrá tratar de buscar un lugar seguro para la población aunque eso le cueste la vida. Un minuto decisivo en el que la mente es incapaz de gestionar ideas y tiempo…

Lo demandó el honor y obedecieron,
lo requirió el deber y lo acataron;
con su sangre la empresa rubricaron
con su esfuerzo la Patria engrandecieron.

Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso como valientes lucharon,
y como héroes murieron.

Por la Patria morir fue su destino,
querer a España su pasión eterna,
servir en los Ejércitos su vocación y sino.

No quisieron servir a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron vivir de otra manera.

El último minuto del Capitán Aybar es el último suspiro de un héroe que sacrifica su propia vida en beneficio de la de los demás, fiel a un juramento que no cayó en saco roto, a una vocación llena de compromiso con una Patria, con una bandera.

Frente a quienes tratan de emborronar la vida y muerte de un héroe solo quisiera manifestar que no cambiaría jamás el último minuto de la vida del Capitán Aybar por toda la confortable y plácida vida de algunos seres miserables que, ignorantes, buscan en su burla una ofensa estéril. Vidas huecas de honor pero llenas de un absurdo e irracional odio. Incluso por ellos, hasta la última gota de nuestra sangre. Esa es la diferencia.

* Gracias a mi amigo, hermano de misión, Fran, pude ser yo quien leyera este soneto en el último arriado de Bandera de nuestro Contingente en Herat, Afganistan, en la Plaza de Armas de  la Base de Camp Arena, en noviembre de 2013. Si algo me he reprochado desde entonces, y todavía pienso en ello, es no haber solicitado quedarme esa Bandera para poder custiodarla y conservarla conmigo. La llevo en mi interior, no obstante.

 

lunes, 9 de octubre de 2017

¿Así te parece bien?

El programa del sábado se desarrolló tal y como yo lo había diseñado el día anterior. Con la buena compañía del libro de mi amigo Nono, Los duendes de los Balcanes, me entregué en cuerpo y alma al tibio homenaje que el sol y mi Mediterráneo quisieran tributarme. A estas alturas de octubre, el sol es un suave masaje que permite recargar baterías sin agobios ni calores y luego, el mar, cuya temperatura empieza a ser consecuente con la época del año, reactiva los ánimos (sí, en plural) y las turbulencias temperamentales a los que nos somete la rabiosa actualidad.

Después de comer en familia un excelente acontecimiento tenístico. Se ha disputado este fin de semana en Palma una nueva edición -y ya van tres- del Legends Cup ATP Champions Tour que reúne a tenistas veteranos que hayan ganado al menos una vez algún torneo ATP. Es una buena oportunidad para ver en directo y a escasos metros, a algunos de los mejores tenistas de las últimas décadas y que, apartados ya del circuito profesional por cuestión de edad, siguen conservando forma y condición como para garantizar un divertido y sorprendente espectáculo. Moyá, Corretja, Henman, Philippoussis, Leconte, Wilander, Enqvist y González.

Para acabar de redondear el fin de semana - ya en la mañana del sábado hubo un anticipo en Palma y en todas las capitales de provincia de España- la multitudinaria manifestación de Barcelona. Se equivocan quienes, con gafas oscuras o mirando hacia otro lado y haciendo mucho ruido para evitar oír lo que está sonando, niegan la realidad de algo que nunca antes se había visto. Seguí atentamente la retransmisión a través de la televisión. El morbo me llevó a zappear y poder comprobar la actitud de algunos medios que hicieron su particular seguimiento de la manifestación. Nada me sorprendió. Los medios públicos catalanes, su televisión, como si se tratase de un acto menor, clandestino, ilegal e implicando falsamente a viejos sentimientos de una antigua España que ya no está, identificaban esa manifestación con etiquetas interesadas. Falso. Nada anormal, nada anticonstitucional, nada ilegal, nada irrespetuoso con el clima de convivencia pacífica. Una demostración, impecable en la forma, de existencia y de presencia de miles, millones de ciudadanos a los que no debe ignorarse. 

Por primera vez unidas, reconocidas y jaleadas en el mismo acto España y Cataluña; la Cataluña española, claro está, la de la senyera, denostada y maltratada por quienes fieramente insultan y provocan -prentenden- una ruptura social que no debería darse. De ellos depende.

Los buenos catalanes, que son muchos más de los que nos imaginamos, han podido salir a la calle y sentirse orgullosos de su tierra y de sus banderas catalana y española y han sido acompañados por los buenos españoles que aman también a Cataluña como parte de nuestro territorio. 

Ha sido muy satisfactorio que el "Visca Cataluña" sonara ayer en las calles de Barcelona en un entorno íntegramente español. Era eso lo que se necesitaba para quitar el miedo -sí, el miedo- a mucha gente que vive cada día bajo la presión de no poder manifestarse como es y como piensa y que no son partidarios de un independentismo que puede arruinar a esta preciosa y generosa tierra.

Impecables discursos de Vargas Llosa y de Borrell; lejos, supongo, de la sospecha de ser identificados y etiquetados con rancias filiaciones políticas con las que suelen insultar los independentistas.

¿Así te parece bien? Pues eso.


lunes, 2 de octubre de 2017

Melendi canta y yo escucho las noticias

Todavía no son las siete de la mañana y la actividad en la casa es la propia de un día lectivo y laboral cualquiera. Las luces de habitaciones, pasillos, baños y cocina ya están encendidas. Noticias por un lado y Melendi en los respectivos dormitorios de mis hijas. El vapor de las duchas matutinas se dispersa por el pasillo y suenan simultáneamente el secador del pelo, un cepillo eléctrico de dientes, la cafetera y el microondas. Un inmenso y casi inabordable campo magnético invade imperceptiblemente la casa. Habré sido finalmente capaz -me pregunto- de transmitir esa tensión tan mía de toda la vida para que desde primera hora, nada más desembarazarse de los edredones, cada miembro familiar de esta bendita casa sea capaz de entender que hay prisa, que hay que salir en menos de media hora, que por la mañana hay que tener un ojito en cada cosa pero el otro en las manecillas del reloj. Parece que sí.

Apuro mi café con leche en soledad, sentado en la cocina mientras continúa el trasiego en el resto de la casa. Soy el único que presta atención a la información que transmite Herrera. Me quedo reflexionando por unos segundos, viendo el fondo de la taza de porcelana y las psicodélicas composiciones de la crema de la leche mezclada con el tizne oscuro del café. 

Vivimos momentos difíciles, los más críticos de los que, de la reciente historia de España, yo he vivido (y son años). Ahuyento el pesimismo con el último trago y me pongo a hacer los bocadillos del cole. Seguimos una rutina mecánica que no debería alterarse, a estas alturas, por esa bomba mediática que está a punto de estallar. Temo que, en cualquier momento, se interrumpa la programación habitual con una grave noticia de alcance. Dios no lo quiera.

La vida continúa y sigue sonando Melendi en los dormitorios de mis hijas mientras les exhorto a aligerar sus quehaceres para salir de casa lo antes posible. No, si al final me suenan las canciones de ese asturianu y empiezo a escucharlas en mi interior y  a tararear algún estribillo...."y yo te dije "niña te invito a un mojito", tú me dejaste clarito que la cosa no iba así (oye la cosa no va así), y fue entonces cuando le pedí a la Virgen de la Caridad del Cobre, que intercediera por mí (ay que intercediera por mí)"....

Musito la canción y pienso. Y recuerdo, al hilo de lo que escucho en la radio, las canciones de Serrat, el mal catalán, el catalán de senyera y barretina, como la del patufet, cinc centims que decía mi padre y recuerdo L'Estaca y otras canciones de Lluis Llach, el buen catalán, el de la estelada y gorra de visera. Cómo nos cambian la historia. Ahora resulta que el nuevo símbolo diferenciador es una senyera estelada, como si la anterior bandera, la vieja senyera ya no fuera símbolo legítimo de los buenos catalanes. No, claro, esa también la utilizan los malos catalanes y la combinan, además, en el mismo mástil con la española. Llegará el momento en que las harán arder juntas -reflexiono amargamente como hace unos instantes sobre el poso del café- y se me encoje el alma y esa esencia que llevo dentro, de mixtura catalana y andaluza. Lo dice mi adn, mi mapa genético, pero lo escribieron en mi memoria mis años de infancia y juventud vividos en Barcelona. Recuerdos y emociones que en la tempestuosa actualidad amenaza con contaminar esta pandilla de pederastas intelectuales que no dudan en manosear la inocencia de cientos de miles de escolares de Cataluña con historias y ficciones que inculcan un odio feroz hacia todo lo español. Pensamiento único. Luego, esos mismo profesores, esos mismos adultos se emocionarán con las películas del holocausto judío y reconocerán que lloraron al leer o al ver la película de El niño del pijama de rayas. Cuánta barbarie y cuánta hipocresía. 




lunes, 25 de septiembre de 2017

En modo avión

Conozco a un montón de personas -amigos y algún familiar- que viven permanentemente en modo avión. Y en el fondo les envidio. En cuanto tienes una urgencia doméstica, personal o profesional e intentas contactar con esa persona, el indicador de estado de su guasap te informa de que está fuera de línea. Y ya te puedes dejar los dedos en la pantallita de tu móvil que nunca aparece el doble click azul de recepción y lectura de tu mensaje.

Me citan a tenis a primera hora. Yo, claro, por supuestísimo, acudo. Todavía no son las nueve de la mañana y, ese día, por conveniencia de mi contrincante quedo a esa hora. Es sábado, ha llovido por la noche y aún chispea levemente. Llego al club. El portero me mira con expresión de incredulidad total. Algunas pistas están encharcadas y otras, afortunadamente,  permanecen en condiciones de poder jugarse en ellas. Es el momento adecuado para contactar con el rival y decidir si jugamos o no o si cambiamos de pista. Primer mensaje de wpp; no señal. Segundo, tercero....no señal. Conozco los amplios márgenes de libertad e independencia de medios y redes sociales de mi amigo y rival. Espero un poquito mientras gestiono por mi cuenta y ya sin esperar conciliación de criterios el cambio de pista. Vuelvo al guasap y seguimos sin respuesta, tampoco de sms,s...  Paseo como un novio plantado a la puerta de la Iglesia,  alrededor del coche en un aparcamiento vacío y el portero me observa como si yo estuviera loco....sigue sin recibirse indicio alguno de recepción y lectura de mis mensajes. Unos retorcidos y morados nubarrones componen el cielo.

Llamo por teléfono. Ya pasan unos largos minutos de las nueve; hora desde la que deberíamos estar ya jugando. "el teléfono marcado se encuentra apagado o fuera de cobertura en estos momentos".....Me iría pero es que ya me he cambiado y empiezo a padecer ansia viva por jugar; estoy enfermo de tenis y no me da la gana de volver a casa sin haberme dejado la piel en esa pista de tierra batida que me mira con ojos golosetes y me reta a entrar en ella y pisotearla con mis zapatillas blancas relucientes y pendientes de ensuciarse con la roja arcilla de su  superficie. 

Vuelvo a llamar y esta vez tengo suerte. Una voz de edredón suena al otro lado de la línea.

- Joder, tío, es que vives en modo avión - le espeto sin miramientos.....en modo avión!!!!

Messi también vive en modo avión el setenta por ciento del tiempo reglamentario de los partidos de fútbol. Podría salir al campo con un telefonito y guasapear son sus colegas de aquí y de allá, consultar su facebook y colgar fotos de sus marcadores y del entrenador rival en el instagram desde el propio terreno de juego hasta que vuelve a conectarse a la red con su teléfono de jugar, 4G, toma la pelotita y empieza a gambetear por el centro, en diagonal hasta la portería y con el put que calza su pie izquierdo hacer que el balón bese la red suavemente, por el ladito izquierdo, por el lateral, junto al poste, muy sutilmente, como si el portero y su línea defensiva estuvieran, estos sí, permanentemente en modo avión.

Yo, también me pongo en modo avión, a veces. Me coloco frente al mar, dejo que la brisa de la orilla penetre en mis pulmones y que la piel de este otoño que empieza a vestirnos la vida no me prive de un buen chapuzón de final de septiembre.


lunes, 18 de septiembre de 2017

Otoño

A lo propio del calendario se ha añadido lo climatológico y está entrando el otoño con fuerza y, sobre todo,  con mucha agua. Lo cual viene a ratificar, en parte, el criterio del buen mallorquín: bañador, toalla de playa, chancletas y protección solar; bajo llave, hasta el verano que viene. Mas allá del treinta y uno de agosto no hay que nadar.

Yo, que en ese sentido, soy de muy difícil consolación y de irreductible ofuscación, no solo no lo guardo en ningún armario, sino que siempre llevo un juego de playa en el coche, por si acaso, para todo el año y mantengo la esperanza de nuevos chapuzones en apacibles turquesas el próximo fin de semana. No existe mejor terapia contra la melancolía de los primeros días de otoño que un libro frente a la orilla con un botellín de cerveza y una buena compañía.

Lo que sí marca la agenda es la exigencia escolar, que en breve comenzará a hurtar cada día más horas a  nuestro reloj y el cambio de horario, que resulta concluyente y definitivo.

Por contra, y por aquello de obtener, incluso de lo malo, un efecto positivo, tiempo de volver a la gastronomía más desafiante, de elaboración más compleja. Así, en breve, volveremos a los fogones y al guiso prolongado; horas de vapores y aromas intensos en la cocina, de tabla de corte fino, de cucharón y fuego lento. Tengo ya ganas de salsas bien trabadas donde mojar un buen pan; de una tabla de quesos con una copa de vino tinto a temperatura ambiente, de una bandeja de embutido que no sude por el calor y la humedad del entorno...

Llega un otoño lleno de buenas expectativas, de recobrada conciliación familiar; de volver a compartir mesa y mantel y un menú único para todos y de plática y sobremesa, extender las manos y juntar las miguitas de pan irreflexivamente, mirando a los ojos al resto de comensales; marcando lento el ritmo con los pies bajo la mesa, mientras suena una pieza de Miles Davis y el aroma del café se extiende apacible y sensual por el comedor...¿y un gin tonic? Por qué no.



lunes, 11 de septiembre de 2017

Himnos y banderas.

Había llovido toda la noche con cierta intensidad. El agua chocaba violentamente contra las persianas y ese sonido se había quedado incrustado en mis sueños de manera permanente. Ya de madrugada, algo de claridad se vislumbraba a través de las cortinas y parecía que la tormenta había pasado de largo. Sonó el despertador y una silueta silenciosa se levantó junto a mi  lado, rodeó la cama y desapareció y  ya no volví a verla ni a sentirla próxima. Recuperé el auricular perdido en la batalla de los sueños absurdos y caí vencido nuevamente. Las informaciones del desastre natural del Caribe lo agrandaban por momentos y la tragedia también se personó en mis sueños. Agua, vientos huracanados, terremotos....la naturaleza desata su ira y golpea contra la ingenua humanidad, ilusa ella al creer que puede someterla y dominarla.

Me desperté con la resaca de tanto azote y por el estruendoso sonido de nuevas lluvias. Apenas se veía el parque ya que una cortina continua de agua caía nuevamente con fuerza. Era como si hubieran colocado un inmenso vinilo más allá de la barandilla de la terraza. Vaya final de vacaciones, pensé.

Pasaron las horas y repasaba en los digitales la otra tragicómica representación -ópera bufa- de la semana que cerraba ese domingo. Culminaba -colofón- una torpe mano exenta de valor y épica que de forma soez se dedicó a manosear y retirar las banderas españolas que reposaban en los respaldos de unos escaños. Qué valiente ¿no? Las banderas así no se retiran; se requiere un mayor heroísmo y no se mancillan cobardemente tropezando una con sus propios pasos. Más respeto, señora, que tiene mucha historia esa bandera como para que un ser insignificante pueda intentar mancillarla.

Sigue la jornada y llegamos al punto épico del mejor de todos los tiempos. Una vez más ha vuelto a dar una lección de pundonor y nos hace sentir, profundo y legítimo, el orgullo de ser españoles. Rafa Nadal confirma lo que hace un par de años ya dije. Volverá, escribí en este mismo blog. Cuando no eran pocos los que lo enterraban y le agradecían los servicios prestados, me negué a creer que ese espíritu de supervivencia pudiera extinguirse así como así. Nada le han regalado. De hecho, su gesta en este abierto de Estados Unidos viene a ratificar que recuperar el primer puesto de la ATP no se logra plácidamente por ir sumando puntos fáciles donde no se obtuvieron el año anterior. Hay que ganar algún grande y este año se ha llevado dos: París y Nueva York. Que repasen los críticos a ver si algún otro jugador ha recuperado el número uno de esta manera. Lleva casi quince años en el circuito y probablemente durante todo este tiempo ha habido decenas de jugadores que han tenido mejores golpes que él. Curiosamente pocos de ellos han llegado a lo más alto y muy poquitos al top ten. ¿Por qué? Muy sencillo, su mejor golpe no es un drive, ni un servicio, ni siquiera un revés cortado: es su cabeza y su poder mental: sencillamente insuperable. Lo es su honestidad. Ejemplo a seguir no solo en el tenis en particular o en el deporte en general; en cualquier disciplina y en general en la propia vida.

Gracias a él unos cuantos españoles sentimos el orgullo de serlo y envolvernos junto a él con la bandera española; esa que sucias y torpes manos pretenden mancillar. Lo llevan claro. 

Como anécdota de la retransmisión, contaba Alex Corretxa que en el momento de iniciarse la ceremonia de la final y mientras él iba presentando el evento para la televisión, un señora del público le afeó su falta de respeto al estar hablando mientras se interpretaba el himno de Estados Unidos y le amenazó con denunciarle. Pobre muchacho, por las explicaciones que posteriormente quiso dar, no parecía haber entendido nada. 

Himnos y banderas.

Nombres que remueven la memoria

La primera que yo recuerdo fue una pequeña y coqueta Iberia blanca. Sobre una de las encimeras de la cocina, resultaba muy atractivo para in...