martes, 29 de julio de 2014

Por un puñado de euros

Llevaban la vocación en la sangre,  pero eso, desgraciadamente,  no sirve para pagar los recibos a final de mes y tenían que mantener, por lo menos,  la vigencia de la licencia de vuelo que nadie les regaló, para cuando llegasen mejores momentos para la aviación comercial. Por eso, probablemente,  no dudarían, al momento de firmar aquel contrato, mientras no hubiera mejor oportunidad, en condiciones abusivas (ahora sí habla el SEPLA) y al momento de  "chequearse" cada día, a pesar de los excesos de horas sentado ante los cuernos de veteranos aviones o pasando carritos por angostos pasillos, aguantando impertinencias de todos los colores, reventando cada día un poco, mirando desconfiadamente el negro nubarrón desde cockpit y rezando para llegar a la terminal del lejano aeropuerto para poder llamar a casa, proclamar que estás vivo, que has sobrevivido, un día más.

Duele tan cercana esa muerte, después de haber padecido y superado ERE,s, otros accidentes, traslados de base, intrigas de políticos y empresarios especuladores sin escrúpulo  y sin puta idea de lo que es la aviación, cierres, entrevistas, insomnios, alejamientos de casa, de los niños, de la propia vida.

Mientras unos se los llevan calentitos y los pasean por carretera hacía próximos paraísos fiscales, comiendo bien por el camino y regocijándose por lo exitoso de su fraude, honrados trabajadores mueren por un puñado de euros.

lunes, 28 de julio de 2014

No tiene sentido tanta barbarie

Estas últimas semanas venimos asistiendo a una serie de acontecimientos  que ponen en duda la pasta de la que está hecho el ser humano.

Las informaciones que nos llegan desde muy tempranito me dejan en una clara disyuntiva:  apagar la radio o dejar el desayuno para otro momento y tal vez la comida y también la cena y así sucesivamente.

Por una parte, el avión de inocentes pasajeros, cuya ruta de vuelo le introdujo, al parecer,  en el espacio aéreo de un conflicto bélico "no declarado" pero igualmente sangriento e irracional y una acción cobarde derribó, causando cerca de trescientos muertos y trescientas familias destrozadas.

En otro punto del mundo, israelitas y palestinos siguen su partida a muerte que nosotros seguimos con la naturalidad de quien oye llover, impotentes, pasando la hoja del periódico o la página del ipad impregnada de sangre y escenas de terrible dolor y sufrimiento.

En Palma de Mallorca, un descerebrado, probablemente encocado, cargado de alcohol hasta las trancas y además, hablando por el móvil al tiempo que conducía, tras subirse a la acera e invadir un carril bici, se lleva por delante a otra inocente ciudadana que, asumiendo el peligro que conlleva, como todo el mundo sabe, el running urbano, había decido esa tarde salir a hacer unos kilómetros y estrenar por fín la malla o las zapatillas nuevas que acababa de comprarse con la extra de julio. Para hacerlo perfecto, se da a la fuga.

Tambien en Mallorca, otro criminal, británico residente, con su coche de alta gama y con tantas copas de más, como canas en su cabeza, arrastra cincuenta metros a otra probre ciudadana de Calviá, trabajadora, sacrificada, servicial y emprendedora, que después de cerrar su restaurante, sencillo pero no exento de calidad, tras el servicio de mediodía, había decidido soltar las piernas un rato, antes de comenzar el servicio de noche. También el conductor se aleja del lugar del crimen a toda pastilla. 

Majaderos imberbes, menores sin dos dedos, turistas de "todo incluido" mancillan noche tras noche la imagen pública de nuestra principal fuente de ingresos en el parque temático de "TODO VALE" de Magalluf. Balconing, mamading....más etiquetas para acabar de empaquetar un turismo absolutamente despreciable.

...y mientras el griterío del nacionalismo y el abucheo a lo español, (España ens roba) resonaba en Cataluña, millones y millones de euros, viajaban, probablemente en audis y bemeuves, cruzando el "eix transversal" camino de Andorra. Vaya! 

What are we made of?







miércoles, 23 de julio de 2014

El joyero de Herat.

Unos cuantos años atrás, como un día cualquiera, el joven Said se despertó un poco antes de que saliera el sol. La bruma y el polvo en suspensión hacían presagiar un nuevo día de calor. Durante la última semana, en las horas puntas del día, se habían alcanzado temperaturas superiores a los cuarenta y cinco grados; el viento de los ciento veinte días. Desde muy pequeño había aprendido a reconocer las dificultades que el clima tan áspero provocaba entre los habitantes del poblado. Así que se levantó de su jergón y al tiempo que se restregaba los ojos, como un mecanismo inconsciente, cada uno de sus pies buscó en el suelo arenoso del interior de la tienda, las alpargatas viejas y agujereadas. En su primer contacto con el exterior ya advirtió un pellizco de su estómago vacío y recordó que no había cenado absolutamente nada la noche anterior. Camino del pozo iba recogiendo pequeñas piedras que examinaba y deshechaba con desdén. Descolgó su cantimplora de la cintura y con gesto paciente la colocó debajo del raquítico chorro de agua que caía de la manguera. Al cabo de unos cuantos minutos y cuando se hubo llenado  la cantimplora, tomó el camino de regreso a su casa. En el trayecto de vuelta ya encontró  niños y niñas revoloteando alrededor de las pequeñas casas de adobe y chapas metálicas que constituían la mayor parte de las viviendas del poblado. 



A mediodía, pasé por delante de la pequeña tienda de Said. 

-Buenos días, Said. ¿Como estás?
-Buenos días, Comandante.

Said, con una mirada honesta y sincera, pero con su habitual gesto socarrón y cargado de  fina ironía, se llevó su mano derecha abierta hasta su pecho, a la altura de su corazón. 

-Comandante, mi mucho buen amigo. (Al tiempo que decía esto y estrechaba su mano derecha con la mía,  la izquierda dibujaba volutas en el aire) Pronto ya Coronel, mi Comandante, tu, seguro, pronto Coronel y nos veremos en España, algún día.

Yo pensaba que teníamos idénticas posibilidades de que nos viéramos en Madrid; yo de Coronel y el vendiendo sus joyas en la Calle Serrano, frente con frente a Suárez. Como pitoniso no le auguraba yo un próspero porvenir.

El amistoso encuentro se producía a diario, como una rutina más de la vida en el interior de la Base. Cuando no había soldados italianos en el interior de su corimec, rebuscando y mercadeando sus pequeñas joyas -siempre acudían al mediodía y en pandillas de cinco o seis- aguardaba él en la puerta, en lo más alto de la escalerilla que daba acceso a su interior.

- Yo quiero diploma, Comandante, mi mucho bien amigo, para poner aquí en pared- decía, señalando un hueco a su espalda, junto a otras tantos diplomas y fotografías con mandos que en su día pasaron por la Base.

- No te preocupes, Said, tu tendrás diploma,- contestaba yo cada vez.

A continuación sacó una bolsa negra de plástico y me alargó un bolígrafo y un montoncito de papeles en blanco, cortados de forma irregular y comenzó, con tono paciente, una breve letanía de minerales autóctonos para que yo fuera apuntando y los guardara junto con la pequeña piedra, cada cual con su nombre, en otra bolsita más pequeña; lapislázuli, ágata, turquesa, amatista, ojo de gato, jade, ojo de tigre y un largo etcétera.

Cuando ya los tenía todos en la bolsa negra de plástico y al llevar mi mano hacia mi bolsillo izquierdo de la camisola, al tiempo que le preguntaba cuánto debía pagarle, con aquella simulada mirada de enojo, sus brazos bloquearon los míos impidiendo que pudiera extraer mi cartera.

- No quiero tú pagar, Comandante. Solo quiero diploma Comandante en pared. Me gusta diploma y foto tú y Said en pared.

Por la tarde, con los pequeños minerales para mi amigo Moncho, compartí una agradable charla con uno de los compañeros que iniciaban misión, antes de acabar nosotros la nuestra. Como ya narré en mi relato número 30 "Estamos en casa", resultó que conocía Ferrol y me contó que en la playa de Doniños, en el Cholas,  había comido el mejor pulpo "a feira" del mundo.

El pasado sábado pude por fin entregar la bolsa de minerales de Said a Moncho. Fue abriendo cada una de las bolsitas y leyendo las hojas de cada nombre escritas de mi puño y letra. Le brillaban los ojos como a un niño el día de Reyes. Esa emoción sincera la remarcó con un reto contundente.

- Esto hay que celebrarlo con una buena botella de albariño y a ser posible en el Cholas, donde,  según tu compañero, se come el mejor "pulpo a feira" del mundo. Tengo ya ganas de probarlo. Me quedan pocos días para ir a comprobarlo personalmente. Estáis invitados tú y tu amigo. Pulpo y albariño.

Said, el joyero de Herat (que abrirá Joyería en la Calle Serrano, algún día y que consiguió, por fín su diploma), el Coronel Butler (que sigue siendo comandante), Moncho (que recibió minerales de un pais que será difícil que pueda visitar )  y aquel auténtico caballero (que, supongo, debió ya acabar también su misión satisfactoriamente) que me dió referencia del Cholas ......y el mejor "pulpo a feira" del mundo, contemplando como la pleamar va cubriendo los arenales, acariciando las dunas que encierran el lago de Doniños.


Said obtuvo, al final de mi misión,  su merecido diploma





lunes, 21 de julio de 2014

Napoleón, definitivamente, era catalán.

Muchas madrugadas y hasta que me duermo, alguna medianoche, Catalunya Radio, como almohada de mis insomnios, me ofrece un ventanal abierto a la imagen clara y profunda de mi querida Cataluña. Los fines de semana, desde muy tempranito, sigo conectado a su actualidad y de fondo una tenora o una barítona desgranando dulcemente las notas de una sardana.

De un tiempo a esta parte y cada vez con mayor virulencia,  todos los informativos radiofónicos, televisivos y de prensa escrita, de cualquier género; ya sea general, deportivo, social o meteorológico, comparten un guión de contenido único; el "dret a decidir" y la manida "consulta". Ni puedo ni debo ni quiero entrar en profundidades sobre la sustentación de sus pretensiones políticas, entre otras cosas porque me duelen Cataluña y algunos catalanes. Me gusta su paisaje, sus montañas, sus litorales, su gastronomía, parte de su cultura y de su folclore. Y me aburre soberanamente su "ombliguismo" -oficial y uniformado- porque me parece egoista y excluyente y tampoco me agrada  la generalizada displicencia hacia todo lo bueno y rico que comparten con el resto de los españoles y a echarnos la culpa, a los no catalanes, de sus fustraciones respecto de sus ensoñaciones nacionalistas.

Para añadir mas tensión al pretendido debate y aprovechando la proximidad de su "celebración" del tercer centenario de la caída de Barcelona, -carpetazo final de la guerra de sucesión- la proclamación de nuestro actual Rey de España, les coloca a otro Felipe de Borbón (VI)  en la conmemoración de dicha fecha. Para anestesiar el efecto traumático a unos y mitigar a todos los comulgantes del odio a lo español, juguetean los padres de su patria con la historia y  han convertido toda Cataluña, pero especialmente Barcelona, en un parque temático con su sacrosanta referencia: 1714. Así, aplauden en cerrada ovación y vitorean en el minuto 17:14 de cualquier acontecimiento deportivo o la celebran con recorridos históricos interactivos por edificios y vías públicas, escenarios de la lucha y  narrados por eminencias del movimiento cultural catalán oficial, poniendo voz a su versión de la resistencia del pueblo catalán frente al Borbó. Los restaurantes afines (la mayoría, recordémoslo, pensamiento único) han elaborado cartas y degustaciones del hipotético menú-tipo propio de aquellas fechas. Por otra parte, sesudos especialistas en las materias más variadas tratan de buscar los hábitos sociales de aquel año, de aquel siglo. Así, andan inquietos y ávidos por conocer cómo vestían, cómo se entretenían, si tomaban café u horchata a según que hora del día, cómo practicaban el sexo (no invento), etc. Se avecina un septiembre muy excitante y no me sorprendería la imagen de muchos catalanes vestidos de miquelets acudiendo a cualquier partido del Nou Camp o paseando por el Port Olimpic cualquier domingo por la mañana, o comprando cruasanes en Vilaplana o en la Foix de Sarriá, (excelentes, por cierto).

En ese permanente husmeo de su historia están descubriendo importantes hallazgos. El último es anecdótico, el que creían que era el primer himno del Barça no era tal y han aparecido unas partituras en Mondoñedo, Lugo, que, parece ser, constituye el legítimo y remoto primer antecedente. Su autor será declarado en breve hijo ilustre, se le dedicará calle y placa y se honrará su memoria en la presentación del equipo ante la afición.

Si apuran, de aquí al 11 de septiembre de 2014 tienen todavía tiempo de certificar que Napoleón Bonaparte nació en Vich.
¿Estamos todos locos, o qué?


Mientras todo esto pasa, la vida sigue; el paro, la sanidad pública, el tren de cercanías, las boat partys, etc.., son problemas del estat espanyol (prohibido decir España)

miércoles, 16 de julio de 2014

Salve, Estrella de los Mares

Hoy, hoy, hooooyyyyy, hace veintiocho años que obtuve mi Despacho de Teniente Interventor de la Armada,  y salía por la Puerta de Carlos I de la Escuela Naval Militar de Marín, Pontevedra, junto con otros veintitantos compañeros de la sexta Brigada (de aspirinos) y otros cientos de Cuerpo General, Infantería de Marina e Intendencia. Un hierático, irónico y altivo Comandante de Brigada, Teniente de Navío entonces y que llegó a lo más alto que se puede llegar en el escalafón de la Armada, nos despedía en el gesto más emotivo y humano de todos cuantos nos había dispensado a sus alumnos durante los  meses de estancia bajo su manto de formación. Recuerdo sus clases de "Cultura y Arte Naval" como un compendio de obviedades a las cuales sacaba el jugo de tal manera que nos hacía parecer imbéciles irredentos. A pesar de ello y del inefable estilo de su Oficial de Brigada, guardo grandes recuerdos de las clases y de los momentos de "orden cerrado" ("Sexta Brigada,en semicírculo, a formar", ordenaba Gorricho). En líneas generales fueron meses de divertido aprendizaje y la estancia en Marín supuso el acceso a un entorno profesional, desconocido para mí hasta aquella fecha, pero que dejó profunda huella y que no he dejado de añorar desde que, por circnstancias del destino, la Armada y yo nos abandonamos (no del todo) en enero de 1990. Contemplo algunas fotografías con el uniforme azul y galones de Capitán en el Arsenal de Ferrol y recuerdo aquellos momentos como si hubieran pasado ayer por la tarde. 

Hoy, hoy, hoooooyyyy volveré a vestir mi uniforme blanco (con la botonadura que toca, que cojones) y me presentaré en la Base Naval de Porto Pí y volveré a entonar con fuerza y orgullo la Salve Marinera. (Recuerdo la interpretación de los alumnos de la Escuela Naval en la Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela, ante el Papa, Benedicto XVI, y se me pone la "gallina en piel")

Viva Nuestra Señora, la Virgen del Cármen. Viva la Armada. Viva España.

martes, 15 de julio de 2014

Un poquito de fútbol

Acabó el mundial de fútbol de Brasil y aunque para España y los españoles duró muy poquito, al final nos ha quedado muy largo. La falta de interés por nuestra inmediata eliminación, los horarios, la racanería de las retransmisiones televisivas y mi particular necesidad de atender otras cuestiones de las que estuve ausente el verano pasado,  han contribuido a dejar una extraña sensación de vacío en uno de los acontecimientos deportivos que más expectación generan en todo el mundo.

Lo de España fue una sorpresa relativa. Cobra mayor mérito lo ganado hasta ahora, especialmente si tenemos en cuenta que para ganar nuestros tres ultimos trofeos, un mundial y dos europeos, tuviéramos que dejar en la cuneta tanto a Alemania (dos veces) como a Holanda. Como dicen los cursis, eso "pone en valor" a una generación de futbolistas que han marcado la mejor época del fútbol español. Casillas, Pujol, Ramos, Xavi, e Iniesta han dejado el listón muy alto, muy difícil de igualar. Los inventos de incorporar a última hora a un Diego Costa renqueante en un sistema táctico desgastado y superable fácilmente por cualquier entrenador mediocre que establezca un sistema con dos líneas de presión, y que en su momento ya sentenció mortalmente al Barça, han resultado un fracaso. Lo malo no es perder como se hizo ante Holanda, lo peor son las ganas de abandono y la desilusión que generan las actitudes de muchos de los jugadores que nos habían deslumbrado con su juego los seis últimos años.

El resto del mundial no ha sido tampoco excesivamente brillante. El juego alemán ha sido espectacular en la fase final del campeonato. Ha funcionado como equipo, como un producto de alta gama, de altísimas prestaciones, fiable y de vistoso diseño. En la semifinal, frente a un decepcionante Brasil (en las antípodas de los alemanes, más parecido a un producto  topmantero) dieron una espectacular lección de fútbol y derroche físico sin precedentes. Bueno, tal vez similar en su aplastante abuso y dominio a la final ganada por España a Italia en la Eurocopa de 2012.

Argentina se encomendó irremediablemente a un Messi al cual se le van agotando los conejos de la chistera. En el fútbol es fácil apreciar cuándo un jugador, cuanto más grande más se ve, va alejándose de la púrpura y comienza su descenso. Lo ví por vez primera con Cruyff (dos o tres destellos, máximo, por partido en sus últimos partidos con el Barça), con Ronaldinho; al final de su etapa azulgrana, incapaz de regatear a un coro de monjas en una parada de autobús. No creo que esté acabado Messi; es todavía joven y sabrá explotar su rendimiento físico, pero de lo que estoy convencido es de que todo su esplendor y los mejores años de genialidades ya los ha rendido y deberemos resignarnos a contemplar sus paseos por el campo, cuatro carreras letales y alguna ejecución magistral de una falta al borde del área. Nos lo dió todo y deja en nuestra memoria recuerdos imborrables.

Patadas a destiempo, actitudes chulescas, mordiscos cobardes y viejas glorias (pepona, alguna de ellas) que están más bonitos callados, ayudan a cerrar el retrato de un mundial del que no será difícil olvidarse.

lunes, 14 de julio de 2014

Van pasando los años.

Hoy, hoy, hooooyyyy (Profesor D. Carlos Rodriguez Braun, Herrera en la onda), es mi cumpleaños. Y en la medianoche pasada, como cada año en esta misma fecha, comparto efeméride con mi madre, que también cumple, aunque un día antes -caprichos del destino-, lo cual me une mucho más a ella, si cabe. ¡Felicidades, mamá! También cumple mi querida Esther, a la cual también, desde aquí, felicito.

Normalmente estos días, a pesar de las restricciones, crisis, fechas de mucho entrar y salir de francachela veraniega, siempre me cae alguna cosilla que me alegra el día, la semana, el verano o algo más.

También viene siendo tradición que,  próxima a esta fecha y, casualmente, en la de celebración de mi Santo (el pobre de Asís), allá por octubre, venga a enturbiar mi alegría algún hecho, con mayor o menor relevancia y que impide que la felicidad sea completa. Este año, en las vísperas de la fecha de hoy - como cada año, fin e inicio de "ciclo"-, el pasado jueves, una resolución  vino a  hurgar en una vieja herida, una situación durmiente en una minúscula y casi insignificante porción de mi ánimo, pero que ahí está. De vez en cuando, en el día a día, hay más de un momento en que, como un dolor recidivante, algo o alguien me remite a ese mal. A veces me incendia el alma y brota vehemente mi ira hacia lo que, tal vez esté yo errado (sin hache), me parece de una crueldad injusta e innecesaria. Me convierte esta situación en una especie de sospechoso habitual, en un mueble viejo, apartado, en un uniforme con una sola estrella y etiqueta de apestado. Al que considero factotum de esta situación le estaré, mucho menos de lo que realmente se merece, eternamente agradecido y motivos tendría para desearle, aunque fuera por un minuto, un solo momento de lucidez que le permitiera apreciar las consecuencias de su caprichoso proceder. El resto del tiempo espero que no lo dedique ya a seguir causando mal a nadie. Como suele decirse en estos casos, "ya te lo encontrarás", a la vuelta de cualquier esquina, la vida es así.

Leía hace unos días un artículo de alguien que, pasando por idénticas circunstancias y habida cuenta de la absoluta despreocupación oficial en reparar el daño causado, opinaba que las víctimas de estas situaciones (cada vez seremos más) suelen caer en el desánimo y faltos de motivación profesional, se limitan a hacer lo justito en sus puestos de trabajo. No es ni será mi caso. Seguiré, como hasta ahora y desde que empecé a trabajar, junio 1977, entregándome al máximo. Los que me conocen, creo, no tienen dudas al respecto. No les defraudaré y en cualquier caso, porque además, no tiene culpa alguna (todo lo contrario), mi Guardia Civil, que me proporciona suficiente trabajo y motivación, lo aseguro. Y porque, pese a todo,  sigo sintiendo muy vivo el orgullo de vestir mi uniforme. 

lunes, 7 de julio de 2014

Radiografía del cielo

Una semana de alejamiento físico, que no mental, de mis obligaciones laborales me han servido para observar con mayor detalle las diferencias entre el verano actual y el verano del pasado año. Amén de comuniones, bodas y saraos propios del estío, actos y eventos que este año sí estoy disfrutando plenamente; de las placenteras inmersiones en el mar o de volver a escuchar la algarabía infantil en la playa, hay notables diferencias en los hábitos que, allá por julio de 2013, me resultaban inalcanzables.

El mero hecho de sentarte frente a la orilla del mar a primera hora de la mañana, o a última de la tarde, y alejarte poco a poco de ella nadando, supone,  para quienes hacemos de la playa nuestra residencia oficial de verano, un placer difícil de explicar a quienes, por contra, prefieren refugiar sus calores en otros lugares.

Disfrutar de un helado artesanal sin la duda ni el temor de si se rompió o no la cadena de frío, por  fallo de los generadores eléctricos en el "Ciano", que en circunstancias normales no parece tener importancia, cobra ahora una habitualidad banal a la que apenas se le da valor.

Celebrar con una pandilla de excelentes amigos un asadito de ternera gallega y prolongar la fiesta hasta la hora en que hasta los mirlos abandonan el jardín o desde la tumbona, mirando hacia el cielo de la tarde de domingo, ver como los ultimos rayos de sol mecen, junto al viento, las copas de los cipreses, constituyen los pequeños placeres cotidianos que no debemos dejar pasar. Se por qué lo digo.



Después de un intenso fin de semana, si esta imagen radiográfica del cielo la acompañas con el "Adagietto" de la Sinfonía nº 5 de Mahler ("Muerte en Venecia"), el riesgo de quedar placenteramente dormido es muy elevado. No es un ejercicio impúdico de pedantía, -soy prácticamente analfabeto musical-. Para eso esta la radio, wikipedia y "youtube".  El resto es que te guste, o no. A mi, me gusta.


Nombres que remueven la memoria

La primera que yo recuerdo fue una pequeña y coqueta Iberia blanca. Sobre una de las encimeras de la cocina, resultaba muy atractivo para in...