lunes, 24 de abril de 2017

Primeras delicias playeras

Niño; deja ya de joder con la pelota.
Niño; que eso no se dice, eso no se hace...eso no se toca.

Juan Manuel Serrat "Esos locos bajitos" *



Durante la pasada Semana Santa se han abierto las puertas de las playas de Mallorca de par en par. Y los días siguientes al Domingo de Resurrección -vacaciones escolares en Baleares- hemos podido disfrutar de excelentes días de un abril agostado que nos ha brindado, a quienes no somos unos mallorquines ejemplares, la posibilidad de los primeros chapuzones. El agua está fría, sí, pero resulta muy difícil acercarse a la orilla en bañador y resistirse a la tentación del primer baño del año. Tardío para mí, por otra parte. Otros años, en enero ya he probado el agua. Este año, nevadas incluídas, ha sido imposible.

Imágenes de este paraiso.

Vacaciones a destiempo y muchos días seguidos con los niños en casa. Debe ser, sin duda, una excelente madre. Una de esas mamis guays y todopoderosas que, con idéntica eficacia y primor, sacan los moquitos del bebé, preparan con esmero y delicadeza excelentes cupcakes en meriendas infantiles, confeccionan baberos en petit point o macramé -qué sé yo-  y pasan la bayeta con el delyplus o hacendado por la vitro,  pero ha llegado a la playa totalmente despelujada, fuera de sí, casi histérica y no quisiera incurrir en machismo de tinta y papel. De verdad, parece una mamá ideal, pero la acumulación (la deflagración) de tareas con los pequeños en casa le debe haber empujado hasta la playa más próxima, más por necesidad que por propio interés. Le oímos decir, a voz en grito, a sus encantadoras criaturas y apenas son las doce del mediodía:

- Los hijos juegan con la arena, mientras las mamás tomamos el sol. Eso es lo que se hace en la playa. No estoy pasándomelo nada bien, id mas lejos a jugar con la pelota. Para estar así, nos volvemos a casa. Me estoy agobiando. Me habéis llenado todo de arena. Alejaos!!!!!

Los ciudadanos brexit siguen frecuentando nuestras islas. A tropel. Ya han tomado posesión de la primera línea de playa y remojan sus pinreles en la orilla mientras van tostando sus espaldas al modo que solo ellos saben tostarse: a fuego vivo. Dejan grafiteada en sus espaldas la huella de sus camisetas de tirantes del Chelsea o del Liverpool. Corre la cerveza como si no tuviera que haber un mañana. 

Las terrazas de Palmanova están abarrotadas. Lejos quedaron los tiempos en que, durante el largo invierno,  los bajos de lo hoteles y los locales comerciales pintaban sus cristales de blanco y el litoral mallorquín de las zonas turísticas parecía Chernóbil. ¿Se habrá logrado por fín desestacionar el turismo? Si es así, una amenaza sobrevuela nuestra economía: morir de éxito. Pero bienvenido sea el turismo y no es ninguna maldición ser el recreo festivo y lúdico de Europa si logramos mantener el equilibrio y no nos pegamos un tiro en el pie.

Bicis al borde del agua. No cabe duda de que la bicicleta forma parte ya del paisaje habitual de Mallorca. Su interior y algunas de sus pronunciadísimas cuestas son un magnético punto de atracción de miles de turistas que se han lanzado a nuestras carreteras. No hay ni una sola ruta que quede fuera de los circuitos ciclistas. Y muchas de ellas acaban en chapuzón. Bici y bañador. Otra fórmula económica de hacer turismo. No solo de golf vive el hombre. Todos los grandes hoteles tienen su parking de bicis. Tanto de propiedad como de alquiler. Todo esto está muy bien. Ahora a ver si entre todos, ciclistas y conductores, tomamos las mínimas medidas de precaución y evitamos otra gran lacra. La elevada siniestralidad de nuestras carreteras y dramáticas tasas de mortalidad. La bici no tiene más chapa y carrocería que la prudencia. A partes iguales entre conductores y ciclistas. 

Naufragio doméstico. Una embarcación grande, a motor, se hunde a escasas brazas de las corcheras de la playa de Portals. La popa va sumergiéndose y la proa parece pedir ayuda alzándose desesperadamente. La imagen es visible, casi palpable, desde la orilla. Cientos de bañistas, en fila de a uno, retratan y filman el acontecimiento en sus respectivos móviles. Cada móvil, un reportero. Los náufragos abandonan la embarcación apiñados en una pequeña canoa hinchable y con dificultad alcanzan tierra firme. ¿Qué salvarías en caso de un naufragio? Estoy convencido que no han tenido ni espacio ni tiempo para salvar nada más que sus móviles.

Conchitas. Mi hija menor y una primita de su edad se afanan en recoger conchas de la orilla. Todas blancas y de tamaño pequeño. Algunas llegan a casa y rellenarán un tarro grande de cristal. Hace muchos años, muchas de ellas quedaron en una caja de puros o de lápices de colores, no recuerdo bien.  Cromos vivos de mi niñez, de los arenales de Casteldefels y de la Costa Brava.

* https://www.youtube.com/watch?v=ao9wyogAlZI


lunes, 17 de abril de 2017

Sotanas, hábitos y uniformes

En los últimos tiempos -y parece que viene de lejos- se está manifestando, cada vez con mayor frecuencia, un absoluto desprecio por quienes de una manera u otra y cada cual con su papel y función, tienen por prenda de trabajo un uniforme, un hábito, una sotana. Una parte cada vez más grande de la clase política y otra muy considerable de la sociedad civil arremete sin piedad contra  un  colectivo religioso - el católico, claro, porque no hay huevos para hacerlo contra otras religiones y a los buenos cristianos siempre les queda la otra mejilla, para que también pueda ser abofeteada- y militares -en general, porque también abarca en parte a la Guardia Civil en algunas zonas del territorio nacional-. No les quieren, parece.

Pues bien, regresen a sus cuarteles, escóndanse los militares y vuelvan a ser un gueto sin posibilidad alguna de integrarse en una sociedad que parece no quererles. Volvamos a los tiempos en blanco y negro. Que les devuelvan los economatos y las escuelas en recintos castrenses. Su dinero -impuestos - sí lo aceptan, sí vale. Su caridad (dinero, ropas, calzado y colaboraciones personales) sí vale, pero que nadie les haga una fotografía vistiendo un uniforme junto a algunas muy dignas ONG,s. en salones de juventud y de orientación profesional (Gerona, Barcelona, etc) No vaya a ser que se sientan incómodos sus desinteresados colaboradores, muy amantes de lo políticamente correcto.

Y los curas y las monjas a sus conventos y a sus clausuras, ora et labora, a amasar dulzuras y bizcochitos con los huevos (de las gallinas) que quieran aportar unos pocos feligreses.

Estas dedicaciones (pretendo al usar este término aunar profesión y vocación) va más allá de un horario, de una jornada de trabajo aunque, por supuesto, gozan de ciertos derechos (descansos, vacaciones, días para resolver asuntos particulares, etc). Pero no conozco ni curas, ni monjas ni soldados que en un momento dado, cuanto el servicio lo requiriera, no dejaría todo lo que estuviera haciendo para acudir a su puesto de combate (en sentido figurado, claro está, que nadie se asuste, por Dios)

Y mientras no llega ese momento y ojalá nunca llegue, pues vayan exponiendo sus mejillas para que sigan arreándoles una bofetada tras otra.....hasta la última gota de sangre.

En esa curiosa cruzada emprendida por la citada clase política y parte de nuestra población se producen escaramuzas, fuego cruzado y en ocasiones, se ha escapado más de un tiro entre las filas aliadas. Así, el por otro lado brillante Obispo ha manifestado su discrepancia con el hecho de que la escolta de un paso de la Semana Santa de Palma de Mallorca (todo con sus mayúsculas), constituido por una Escuadra de Gastadores, vaya con su armamento. 1, 2, 3, 4, 5......10!

Trato de ahogar mi vehemencia con esa cuenta hasta 10 antes de que me arrastre a donde no debe llevarme. He escuchado al Reverendísimo Obispo de Mallorca unas cuantas ocasiones. En directo, en un acto en el cual fue galardonado con un premio radiofónico, en alguna de sus homilías y en alguna que otra entrevista. Y he leído alguna de sus Cartas Pastorales, muy jugosas por cierto. No está ahí por casualidad. Es, insisto, un hombre brillante que para hablar -muy bien- en público no necesita unos cuantos folios ordenados encima de un atril. 

En esta ocasión, tal vez, entre sus inteligentes palabras, se le ha escapado un perdigón (muy propio de aquellos curas de sotana negruzca de antaño) y ha impactado sobre el amor propio y prestigio de unos soldados que, con profunda y sobria emoción, participan activamente en nuestra Semana Santa.

Hay opiniones para todos los gustos. Mezclar religión y milicia no es bien visto por parte de algunos plumillas y de muchos ciudadanos. Pero he presenciado esos pasos escoltados por Caballeros Legionarios, Marinos, Militares y Guardias Civiles y he apreciado el reconocimiento de la multitud ante su presencia. Respeto y gratitud. Sus armas ni perturban ni amenazan a la gente de buena fe.

Un gastador sin armamento es una majorette -hoy en día, gogó-,  Reverendísimo Sr Obispo. 

Entre bomberos....

lunes, 10 de abril de 2017

Valores

A poco que nos esforcemos, a principios del año que viene, en ese otro concurso tonto de las nuevas aplicaciones de redes sociales y de los buscadores de internet, aparecerá como una de las palabras más buscadas/utilizadas en el presente 2017, al menos en España: valores, valors.

Una de las celebridades (por no usar irónicamente el palabro cerebridades,  que en el caso de existir dicho término debería tener su origen en la palabra cerebro y por tanto, encerraría en sí mismo una contradicción) que ha venido a nombrar la palabrita ha sido un jugador del Barça y de la selección española que acusa a un determinado club de ser depositario y expositor (su palco) de una serie de valores que a él no le gustan. Sería muy sencillo apuntarse o no a esa aseveración pero aunque lo estás deseando, no lo haré.

Hace unos días saludé a una de mis sobrinas que jugaba con otras niñas de su edad. Próxima a celebrar su Primera Comunión (como Honor, Bandera y Patria, todavía las escribo con mayúscula, querido Joaquín) le pregunté si estaba ya impaciente por ese gran acontecimiento del que se acuerda uno toda la vida y, por supuesto, por la fiesta que vendría a continuación. Al darme cuenta de la presencia de las otras niñas, ingenuo de mí, también les pregunté a ellas por su fiesta. La respuesta de una de ellas fue sencillamente lapidaria: 

-Yo no voy a hacer la Primera Comunión. Yo en mi colegio no estudio religión (esta en minúscula). Yo estudio valors.

Reconozco que quedé un tanto estupefacto por la naturalidad de su respuesta, por la seguridad con la que lo decía, por mi ignorancia respecto del contenido de esa materia escolar y, especialmente, por la incredulidad y escepticismo. He de entender, en sentido contrario, que ni nuestra Religión (con mayúscula) ni muchísimo menos nuestra Primera Comunión (también) tienen nada que ver con los valores. Será eso. Será que las enseñanzas laicas de los valores sí son saludables y útiles y, por contra, las que imparten las monjas (esos terribles monstruos que se comen a los niños crudos) en la formación religiosa de determinados centros escolares ni son tolerables ni deben ser divulgados  por estar contaminados por una orientación poco recomendable.

Lo que nos faltaba a estas alturas de partido era hacer colisionar los valores de unos contra los de otros. Y en este caso, está claro, hay que hacer prevalecer los de unos por encima de los de los otros y presumir que los valores de uno son mucho más solidarios, generosos y beneficiosos para los demás que aquellos otros, especialmente,  que tienen su origen en la formación religiosa. Y ya no digo nada si esa religión es la Católica (con mayúscula). Y si, además, se tratan y fomentan esos valores en el ámbito de la preparación de unos niños para la Primera Comunión....

Allá cada cual con su fe, con su sentido de la caridad, de la misericordia, de la solidaridad, de la generosidad, de la amistad, del respeto, de la honestidad, del sacrificio por los demás, de la lealtad, de la perseverancia, de la tolerancia, de la humildad, de la dignidad, de un largo etcétera y del sentido del amor al prójimo. Pero por lo que yo veo y escucho y por lo que he visto y escuchado a lo largo de mi vida, no veo que existan otros valores que puedan mejorar los que a mí me impartieron y los que todavía, hoy en día, compruebo que se imparten en el colegio de mis hijas; colegio concertado de sólida y saludable formación religiosa. Y bien orgulloso que estoy. Y no me importa si estoy equivocado. Trataré de ser coherente con la educación que recibí e intentaré inculcar todos esos valores a mis hijas. A mí no me ha ido tan mal y espero que a ellas tampoco les fallen.

Por ser coherente, al menos.

lunes, 3 de abril de 2017

BCN

Hubo que madrugar, pero mereció la pena. Aunque la razón del viaje no era  exclusivamente de placer, mal habría hecho si no hubiera tratado de disfrutar, siquiera por unas horas, de tu  paisaje urbano,  querida Barcelona.

Sí, ya sé. Un rato contigo y cientos en el olvido, pensarás. Y no es cierto. La vida, las circunstancias me han alejado de ti. Pero un solo elemento nos distancia, que no nos separa; el agua de esta mar azul, tan azul, tan mediterránea. Porque esa mar nos une. Tempestuosa y airada en ocasiones, dulce y acaramelada en otras. Mar que mece culturas y hermana lenguas. Mar que baña espectaculares monumentos  naturales. Me despide, desde la altura de mi vuelo, la imponente Sierra de Tramontana y al rato ya diviso los Pirineos, coronados con un leve manto blanco. Y entre ambos, tu mar, nuestra mar, como la buena madre de todos nosotros, con su reflejo cobrizo al mirarlo al contraluz del primer rayo solar, suspirando en su ligero aliento por el bien de todos. Madre, mar.....gracias.

Se me hincha el pecho y respiro profundamente al salir, por fin,  del metro en la Plaça dels Països Catalans (la corriente de aquellos nuevos tiempos municipales cambiaron placas y removieron la historia sin contemplaciones) y tomo la calle Entença, pegado a los muros de La Modelo, silenciosa y agonizante, testigo mudo de su propia historia. Llego al Clínico. Hoy, sopa de pasta para los internados. El aroma de caldo de gallina inunda el barrio. Pobres! que les aproveche y que no repitan mañana, aunque habrá otros...Y que el gasto de la urna de cartón no obligue a echar agua al caldo. Ya me entiendes.

Caminando, caminando llego a mi primer destino. Tu avenida Diagonal. Exultante y elegante en su arquitectura económica, bancaria y de negocios. De estos, unos florecientes y de frenética actividad. Otros, vestigios de un pasado mejor. Muchos desgraciadamente desaparecieron: Tic-Tac, Áncora y Delfín y un trágico y extenso sinfín que alegraron la vida  de unos niños que crecieron con la nariz pegada a sus escaparates y el tiempo los hizo mayores y  ahora anidan sus recuerdos solo en su memoria y revolotean esporádicamente al tratar de ubicarlos en sus antiguos locales y hacen sentir la profunda punzada de una pérdida irreparable que les coloca en un calendario real, el de hoy, el de esta fecha.

Cumplida con éxito la razón del viaje me dejo llevar por el aroma de esta gozosa primavera de final de marzo, bajando por tu Rambla Cataluña que a esta hora del mediodía ya es un bullicioso torrente de peatones; turistas, muchos, y barceloneses de variada etiqueta. Es como una pasarela de todas las modas y modos de vestirse y en su conjunto extraordinariamente atractivo. 

Circulamos todos automáticamente colgados del móvil; hablando unos, tecleando otros. Cada cual en su mundo y en el de su dispositivo, ajenos a este clavel reventón brotado por este sol radiante y amable que tolero con placer.

Cambio de acera y de calle. Cruzo hasta el Paseo de Gracia. Qué espectáculo. Más color y más bullicio. Más monumentos. Japonenes en manadas, con guías y móviles y palos selfie, fotografiándolo todo, fotografiándose entre ellos,  cada portal, cada baldosa, cada fachada. 



Vivo con intensidad y piso con firmeza esta moqueta de adoquines gaudinianos y paso junto a la Pedrera, pálida y reluciente y sigo descendiendo por la ribera derecha; libros, ropas, terrazas...y turistas, muchos turistas con más guías, con mas móviles pixelándolo todo. 



Llego a la Casa Batlló y cientos de visitantes guardando fila para entrar . Los de abajo fotografían todo lo que está por encima de sus cabezas; sus enormes ventanales y sus balcones como máscaras venecianas. Los de arriba fotografían lo que ocurre abajo, en ese paseo por el que galopan motos, autobuses colorados y taxis.



No me paro mucho pero yo también lo guardo todo en mi móvil. Sigue el color, el aroma de ciudad viva y las muchedumbres subiendo unas, bajando otras, colisionando entre sí y llego a la Plaza de Catalunya y echo la vista hacia atrás y me reencuentro con la imagen en blanco y negro del niño en su cochecito echando alpiste a las palomas.

Me aprieta el estómago y busco un local donde comer algo distinto a lo que se anuncia durante mi recorrido, cientos de fast food con cierta etiqueta. Quiero algo que sea gastronómicamente más barcelonés y, por casualidad, en la Calle de Santa Ana, entre la Puerta del Angel y las Ramblas encuentro lo más parecido. Un correcto menú con notables muestras de esa cocina tradicional y guiños a la cocina fusión y me inclino, sí, por una riquísima ensalada tibia de lentejas al afgano -eso no es catalán pero sí resultó determinante que fuera afgano- y un cap i pota con garbanzos, sencillamente sublime. 

Se va acercando el momento de tomar la ruta de regreso al aeropuerto pero a toda pastilla bajo por las Ramblas; Liceo, Casa de los Paraguas... hasta la calle San Fernando. Apurado por las prisas, todavía me asomo a la Plaza Real, muy transformada y abarrotadas todas sus terrazas. Sigo esquivando miles de turistas, sus móviles, sus trolleys pisando pies propios y ajenos. 





Huyo del trajín en cuanto llego a la Plaza de San Jaime y me dirijo a La Colmena; pastelería centenaria de escaparate art decó.  Cocas de llardons para viajar y los viejos  caramelos de naranja, tomillo, miel y limon....Subo por la vieja Via Layetana y me postro ante la Catedral y recuerdo, especialmente hoy, una de sus capillas, la de Santa Eulalia (Sor Eulalia Anzizu). En breve volverá a flotar sobre el chorro de una de las fuentes l'ou com balla e imagino que será una hazaña lograr fotografiarlo entre una marea de japonenes y curiosos.



Tomo el aerobus con el tiempo muy justo. Tan justo que llego a la puerta de embarque por los pelos, después de haber reeditado mi record mundial de carrera con obstáculos en terminal aeroportuaria,  con muchos obstáculos. Uff.....

Misión cumplida.

lunes, 27 de marzo de 2017

Si me queréis, irse.

"A poco que vivas, la vida les quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella; Honor, Patria, Bandera..."


Falcó, Arturo Pérez-Reverte.


La Lola de España, totalmente enfurecida y fuera de sí, lamentaba, con aquella sonora y chirriante expresión, su impotencia y desesperación por el desfase total en el que trataba de encajar, como una hazaña imposible, la boda de una de sus hijas. Estaba más necesitada de una duchita de agua templada y un buen gazpachito en el Lerele que de una boda. Por Dios, qué angustia!

La caja de surtido Cuétara (otra vez) en que se ha convertido el escenario político español, con la inestimable presencia de tipejos y tipejas de lo más variado, me provoca una severísima pereza intelectual y una abrumadora indolencia. Y claro, me dan ganas, en el mejor de los casos, de salir corriendo, pies en polvorosa y, sin mirar atrás, (Don´t look back, Boston*), poner tierra, y si es necesario océanos, por medio. Y siento como mi querida España, herida de muerte por tanta estupidez, me repite a mí y a un montón de buenos españoles -gente normal- lo mismo que decía la pobre Lola; ...si me queréis, irse!!!!!

Claro, pienso yo, después de lo que hemos pasado juntos, a nuestras respectivas edades, la de España, que es muy considerable, y la mía que empieza a serlo, nos cuesta mucho asumir en lo que se ha convertido aquella expectativa de progreso y modernidad. Es cierto, modernos somos un rato. Mis hijas ya no saben quién es el Oso Yogui y sin embargo saben mucho más de Trump a su edad de lo que yo, con esos mismo años, sabía de Carter. No les suena para nada Carpanta, ni el profesor Franz de Copenague, ni ningún otro personaje del TBO, pero podrían dar conferencias sobre el uso de aplicaciones del móvil y te montan una película musical, coreografía incluída, en un santiamén.

Pero la modernidad y el progreso no es solo eso ni consiste en disfrazarse para presidir un pleno de ayuntamiento o un parlamento autonómico, ni ninguna otra Insitución, ni parir ocurrencias, ni desempolvar rancias diferencias, ni faltar al respeto al pueblo al que supuestamente reperesentan con actitudes inapropiadas, con las manos en los bolsillos, mascando chicle, hablando mal tanto en lo que se refiere a la gramática como al lenguaje, más propio de tabernas, tascas y cantinas que de un hemiciclo o de un salón de plenos

Por eso, como decía Lola sudando y desaforada, "si me queréis, irse" me dice mi querida España a la que casi ya no reconozco cuando enchufo el televisor y trago tanta violencia verbal, tanto gesto desairado  y tan mala educación.

Prohibir, prohibir, prohibir. Prohibir todo aquello que no les gusta, rasgos comunes de muchas generaciones que vertebran nuestra sociedad. Es muy sencillo; si no les gusta....Si no les gustan los toros, que no vayan. Si no les gustan las misas, que no vayan. Si no les gustan las juras de Bandera, que no vayan, que no juren. Si no les gusta la carne, que no la coman.

Si no quieren respirar, que no respiren.....pero que no respiren hasta el final.

Refrenda esa voluntad de abandonarlo todo,  el caudaloso flujo de wpp,s que circulan a alta velocidad a lo largo del día con montones de frases, expresiones, imágenes de tipejos y tipejas  en actitudes difíciles de digerir y entender. Y de creer.

Se empequeñece la fuente y se vuelve irresistible la tentación de apear de sus mayúsculas -con las que siempre las escribí- las palabras Honor, Patria, Bandera, pero no es por la vida, ni por mis años. Es por la calaña de esos tipejos y tipejas que se envuelven interesadamente en los mismos paños que yo pero reniegan de su existencia y muerden la mano que -en sentido figurado, por supuesto- les da de comer.

...y así hasta la última gota de mi sangre. Uff!

* Confieso que he cantado, en su momento, tocando una imaginaria guitarra con mis manos, esta canción. Guardo el viejo vinilo -single 45 r.p.m.- en una caja, en el fondo del trastero.


 
https://www.youtube.com/watch?v=SSR6ZzjDZ94 




lunes, 20 de marzo de 2017

Un paso de cebra

Un paso de cebra, debidamente pintado sobre el asfalto y señalizado convenientemente, ampara un derecho pero en absoluto garantiza la vida. 

Hace unos días casi me arrolla una imprudente conductora que, además, tuvo el arrojo de detener su vehículo unos metros más adelante, bajar su ventanilla y muy altaneramente abroncarme porque, según su apreciación, yo no caminaba sobre las líneas blancas. Si hubiera sido como ella decía, asumiendo yo mi error, me habría callado y habría pedido perdón, pero ¡vaya si estaba cruzando la calle, li-te-ral-men-te, sobre el paso de cebra! Ojito con lo que consumimos, que puede haber vidas humanas en juego.

En frente de mi trabajo hay un parque urbano. Concebido a partir de los usos y gustos municipales contemporáneos, luce más el hormigón y el hierro forjado que el verde de árboles, arbustos, plantas y césped. No obstante podría definirse como un espacio de ocio para niños y tercera edad y no necesariamente por este mismo orden. Es algo así como una zona de uso compartido. Por la mañana, los mayores. Por las tardes, los niños, supongo. 

Un nutrido grupo de provectas chinas bailan una danza oriental. Separadas unos metros entre sí, ejecutan una coreografía armoniosa, sin apenas salirse de una baldosa; agitan levemente brazos, caderas y piernas al tiempo que van girando sobre sí mismas de manera simultánea. Algo así como un taichí musiquero. Un equipo de música reproduce una melodía y una de ellas, cual monitora, ordena la ejecución de los movimientos. Hace unos meses eran sólo tres de ellas las que efectuaban esta rutina junto a uno de los bancos y entonces el sonido lo reproducía un teléfono móvil. Llegarán a ser multitud.

Otro grupo de pensionistas, desde muy temprano, juegan a la petanca. Discuten y cacarean ruidosamente. Alardean de su habilidad y el tono de las discusiones llega, en ocasiones, a aparentar la gravedad de una afrenta. Entre ellos mismos aplacan la subida de tensión y al cabo de un rato, apaciguados los ánimos,  sigue sonando el tintineo de las bolas al golpearse entre sí o al colisionar contra el tablón que delimita la zona de juego.

Voy camino del banco y coincide con la hora de salida de sus casas de muchos escolares camino de la escuela. Grandes y pesadas mochilas colgadas de la espaldas y variado colorido en sus vestimentas. Las madres apuran en la despedida -traspaso de besos y bocatas-  y aceleran el paso para llegar a tiempo a la parada del autobús.

Un vehículo ha detenido su marcha y a pie del mismo una mujer de avanzada edad aguarda el momento de hacerse cargo del depósito; un rollizo nieto envuelto delicadamente con la ropa de ese día que su madre deja al cuidado de la abuela antes de irse a trabajar. Bebé, mochila y cochecito quedan en las mejores manos. No tengo duda, a juzgar por la expresión con la que la abuela contempla al pequeño. Como hoy no llueve y aunque el nieto no sepa todavía donde está, la buena abuela lo bajará al parque para que le dé el aire y un poquito de sol. Se sentará en el banco y mecerá el cochecito orgullosamente ante sus compañeras y vecinas, a sabiendas de que en un par de años se subirá a lo más alto del tobogán y jugará con otros niños, con otros nietos.

Llego al banco, voy de paisano. Nada ni nadie me ha perturbado por el camino. Nadie me ha hecho fotografías ni se ha burlado de mí. Soy -me considero- un ciudadano normal, un ciudadano más que en un momento determinado necesita realizar una gestión bancaria en mi horario de trabajo, eso sí. Por el camino no molesto a nadie ni voy provocando a otros ciudadanos a los que contemplo con naturalidad y normalidad, ya ves.

Qué suerte tengo. La Constitución ampara mi derecho, pero desgraciadamente, como un paso de cebra, tampoco puede garantizar mi integridad física, ni puede impedir que un par de imbéciles descerebrados y colocados con todo tipo de substancias se crean en el derecho de arremeter contra mi libertad de no insultar ni ofender a nadie con mis actos personales. Ni aún vistiendo uniforme militar.

Me duele el puntapié recibido por mi compañero al que no tengo el placer de conocer, pero me duele infinitamente más el silencio de quienes, desde la responsabilidad de gobernarnos, deberían, qué menos, condenar este tipo de actos violentos y agresiones gratuitas pero han decidido mirar hacia otro lado. Aún estoy esperando, ingenuo de mí. Claro, no era más que un militar.

Escribo esto en Palma de Mallorca en el mes de marzo de 2017. 

lunes, 13 de marzo de 2017

En el último minuto

Confieso mi escepticismo de esa noche. Era consustancial a mi condición culé, pese a la exitosa trayectoria reciente del club. Si, ya sé, me dirán que hace un tiempo y habida cuenta de los derroteros adoptados por el Barça, por buena parte de su afición -no toda-, por su directiva y también por parte de su masa social, respecto del proclamado y cacareado proceso independentista, abjuré de mi perfil más radical, si alguna vez lo atesoré. Que el éxito deportivo no sirva jamás para enfatizar otro tipo de adhesiones y convicciones. Que lo que pasa en un rectángulo de juego delimitado por líneas de cal no se lleve ni a la calle, ni a un Parlamento, ni muchísimo menos a sede judicial. Algunos eligieron esa fórmula de reivindicación y muchos, cual borregos adormilados sobre pastos de estulticia, parecen seguir su ruta. No es mi caso, confieso, por razón y por propia convicción.

Dicho esto he de reconocer que no logro abstraerme ni una pizca de mi devoción (meramente futbolística) por sus colores, por algunos de sus jugadores y por el indudable mérito de sus éxitos deportivos de las dos últimas décadas. Y no tiene sentido hacerlo, visto lo ocurrido el pasado 8 de marzo.

Me senté, sin tensión, frente al plasmón con la idea de presenciar un partido de fútbol del que estaba convencido, eso sí, de un resultado favorable. En pocos minutos advertí que tal vez no sería tan improbable la remontada y tenía el convencimiento de que si se llegara al descanso con dos goles a cero, cabría un razonable optimismo. Y así fue aunque posteriormente nos pusieramos a temblar y a sufrir cuando llegó el tercero. Entre bomberos  no nos íbamos a pisar la manguera y no recibí ni un solo wpp de ningún amigo culé. En todo caso, sí me entraron muchos de ellos,  demoledores, sarcásticos y funestos mensajes de tipos de acreditada solvencia para ser incluidos en una sección de la caverna mediática que reside en la agenda de contactos de mi teléfono. Chistes y chanzas que se multiplicaron a partir del gol de Cavani. Emoticonos groseros y memes burlonas.  Desahuciado y abandonado por toda esperanza dejé el móvil sobre el sofá, silenciado, y adopté una postura más adecuada a  un mayor grado de desafectación. Estiré mis largas piernas hasta el centro del salón y reposé mi cabeza en el punto más bajo del almohadón del respaldo. Así mantuve mis mínimas constantes vitales hasta el gol de falta de Neymar. Hasta ese momento deduje que el  Barça no había acertado con la gestión del tiempo del partido, el timing. En cuanto marcó el tercero quiso enseguida ir a por el cuarto y todavía  quedaba media hora. Era el momento de tomarse un respiro, asegurar su mejor táctica, la que ha hecho brillar a su estilo de juego, manejar el balón y retrasar un poco la presión del centro del campo y dejar que, en su miedo y arrebato, el PSG estirase sus líneas con la intención de culminar, en jugada aislada, su poco arriesgada estrategia. Con el excelente gol de lanzamiento de una falta por parte de  Neymar y por la reacción de los jugadores y pese a que faltaban seis o siete minutos, más el descuento, llegó el momento de volver a creer, de hacer renacer el espíritu de la remontada, sin necesidad de evocar fantasmas de eterno descanso, manoseadas y manipuladas por otras aficiones y que sacan en procesión cuando no existe mejor argumento:  épica o güija. 

Es cierto que dos errores arbitrales de apreciación, que algunas veces te dan pero que otras muchas te quitan, contribuyeron a hacer posible el resultado final. En cualquier caso al PSG no lo mató el error del árbitro. Pudieron marcar Cavani y Di María y erraron, como erró tambien el planteamiento de su técnico. Lo que ya no entiendo es que el cazo, tan blanco y tan digno él, tema tiznarse con el negro de la sartén. Anda ya! Con lo que se ha llevado ese cazo, tan blanco y tan digno él, toda su vida, toda su existencia. ¿Cuántos penaltis se han inventado jugadores del otro club a lo largo de su gloriosa historia? ¿Cuántos pocos dejaron de pitar muchos árbitros? ¿Suena a alguien el nombre de Guruceta? Cuando éramos niños ese apellido se colgaba como epíteto a cualquier mal árbitro cuando no tomaba una correcta decisión y pitaba lo que no era o dejaba de pitar lo que era. Solo falta que a esa protesta masiva de los merengones se sume Maradona y nos venga a hablar de honestidad y futbol. Tendría guasa.

Simplemente era el tiempo de creer en ese equipo, en esos jugadores, tan vivos, tan imperfectos, a veces, que han volteado por completo la historia de este club en estas dos últimas decadas. No es una cuestión de supervivencia, es algo más; es algo tan humano, pero al tiempo tan inusual, como el orgullo. La épica del guerrero, que es, o su vida, la gloria, o la muerte. Una cuestión de honor. Valores estos que cuesta asociar a unos deportistas magníficamente remunerados y que gozan de una saludable y gozosa vida, paradójicamente aupados a ese olimpo por cientos de miles de aficionados, muchos de los cuales acreditan, por sus ingresos, su condición de mileuristas. 

Era el último minuto y ni siquiera los más optimistas esperaban el acertado remate de Sergi Roberto. Todo el campo y cientos de millones de espectadores acudimos al centro del área del PSG a intentar rematar ese balón colgado por Neymar. El PSG, toda su afición y la mayor parte de la afición del Real Madrid y sobre todo, la recalcitrante caverna mediática de los Ronceros, Pedreroles, Alcalás, ManuSancheces, Gutis, etc, a tratar de impedir lo que culminaba una noche mágica. Otra vez será, muchachos.

Enhorabuena a todos.



P.D. No se ha ganado nada. En todo caso, seguimos de pie. Nada ni nadie garantiza que no haya que volver a tirar de orgullo y de épica. Todo se andará. Queda mucho todavía para llegar a Cardiff, si se llega.

Nombres que remueven la memoria

La primera que yo recuerdo fue una pequeña y coqueta Iberia blanca. Sobre una de las encimeras de la cocina, resultaba muy atractivo para in...